Margarita
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Margarita

21/05/2018
Actualización 21/05/2018 - 11:33

Escribí estas líneas antes de que se llevara a cabo el segundo debate. Si bien Margarita Zavala no fue una gran debatiente, lo cierto es que su presencia en la contienda representaba distintos valores democráticos: la única mujer en la elección presidencial, una de las opciones sin partido y una representación ideológica importante que confrontó a los panistas de cepa, que con decepción veían sus postulados en pragmática oferta compartida con la izquierda perredista.

La mejor Margarita de tiempos recientes fue la que decidió no contender. Tras un esfuerzo cardinal frente a la cerrazón de Ricardo Anaya para encontrarse a mitad de camino, la primera panista del país, con mejor posicionamiento que Andrés Manuel López Obrador en las primeras encuestas de intención de voto, tuvo que abandonar el partido de sus principios.

La lucha interna por la candidatura presidencial suele pasar por alto que son varias las posiciones de primera línea en juego. Supongo que si hubiera tenido igualdad de condiciones mientras Anaya tejía a la vista de todos su adueñamiento del PAN, Margarita Zavala hubiera aceptado la presidencia del partido, encabezar la lista al Senado e incluso, quizá, la de diputados federales. Pero no, en un apolítico 'voy por todo', Anaya dejó en el camino a los calderonistas y a tantos otros que no le aplaudían, lo que le costó puntos directos y apoyos importantes de un sector arraigado de su partido. Hoy lo vemos tratando de capitalizar votos de los seguidores que echó con sus faenas.

Margarita es mujer de lucha. Fue joven que repartió volantes y pegó carteles; caminó calles y tocó puertas. Legisló, desarrolló un importante liderazgo y dio un señorío a la primera dama que se echa de menos. Margarita Zavala fue un activo en la presidencia de Felipe Calderón y un peso específico en Acción Nacional; hoy lo es de la política mexicana.

Nunca nadie la ha señalado de corrupta, ineficaz o tonta, vicios que suelen atribuirse a los actores públicos. Se le califica como decente; hoy, un verdadero piropo. Con tantos años de exposición y sobreexposición, Margarita ha sido la misma. No perder el piso tras la fama pública, el ejercicio del poder y seis años en Los Pinos es flor escasa. Lo mismo se le ve en un Starbucks formada para recoger su café o dando clases en la escuela que la formó. Según se sabe, es también mamá presente y ocupada. De ideología tradicional en lo personal y familiar, enarbola la importante lucha por el sitio de la mujer en este país de machos.

Sus seguidores no cobraban y renunció al financiamiento público frente a la danza de miles de millones de pesos en que bailan y se promocionan los partidos; aparecía en pocos spots y espectaculares contra los miles de sus adversarios y no tenía el séquito setentero de los políticos comunes. Zavala tenía a importantes y ya reconocidos cuadros en sus filas. Destaca el crecimiento de Fernanda Caso y la manera en que tantos jóvenes hicieron más con menos.

Evidenció la ventajosa estrategia de Ricardo Anaya desde el principio y enfrentó con dignidad la médula de sus adversarios históricos después: a un López Obrador que repite las mismas ideas desde hace dieciocho años y al PRI que enfrentó desde adolescente.

Con José Antonio Meade tiene importantes coincidencias. El técnico ocupó dos secretarías de Estado con Calderón y fue determinante en los buenos resultados macroeconómicos de su administración. También es un hombre de familia y con una visión similar a la de Zavala, pero su marca lo aleja de la posibilidad de un posicionamiento público de Margarita.

Hay rumores sobre la presión de distintos empresarios para que se sumara a Anaya a cambio de apoyarla para hacer un nuevo partido tras la elección presidencial. Sea como fuere, es irrebatible que Margarita llena un hueco ideológico que cavó a Anaya (al hacerse del partido y concretar el Frente con los amarillos) que puede convertirse en un flanco parlamentario interesante para abanderar causas que no cuentan con candidatos.

El intercambio con los protagonistas de Tercer Grado, todas las primeras planas del día siguiente al de su declinación, las opiniones escritas y en radio, el trato de sus entrevistadores y el reposicionamiento del peso, muestran que a pesar de su largo camino, Margarita Zavala tiene más futuro que pasado. Hoy los contendientes buscan los puntos con los que se había hecho un importante lugar en la elección y todos saludan la dignidad, congruencia, amor a México y la libertad en que deja a los nombres y rostros que, a manera de reconocimiento, siempre dijo que veía en su equipo. Es una pena que el oneroso sistema de partidos deseche un perfil demócrata de convicciones.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.