LXIV Legislatura
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LXIV Legislatura

03/09/2018
Actualización 03/09/2018 - 11:07

Ha comenzado el nuevo ciclo del Poder Legislativo Federal. Hay Congreso de izquierda con experimentados políticos, peculiares personajes y una agenda que al parecer se distingue de la tradicional clase política.

De entrada anuncian cámaras austeras. Las necesitamos también más funcionales y menos retóricas. Hay una visión distinta del país y nueva carta de navegación. Habrá agenda constitucional y legislativa anunciada desde hace décadas por el presidente electo. Se revisarán las reformas estructurales del peñanietismo, habrá nombramientos a placer del líder y no tendremos una función de control estricta por la composición mayoritaria de Morena.

Habrá un transfuguismo generalizado, dispersión de los partidos tradicionales y nuevas alianzas y adhesiones con tufo de traición, según el dicho de los abandonados: El Partido Verde canceló su alianza bisexenal con el PRI. Con una habilidad más allá de la supervivencia, ahora es aliado de Morena y su gobierno. Las vueltas que da la vida. Quién lo hubiera dicho. Quizá algo menos probable que el Frente PAN-PRD-MC que, como era natural, llegó a su fin. Qué poco dura la vida eterna, diría Sabina…

Nuestra cultura parlamentaria tiene aciertos y desencuentros. La ausencia de reelección legislativa frenó el desarrollo cameral por décadas y obligaba al aprendizaje institucional de borrón y cuenta nueva con cada Legislatura. Ha habido legislaturas locales en las que todos sus integrantes fueron legisladores por primera vez.

La banalidad de la clase política aumentó. El reclamo sostenido de AMLO encontró eco con razón: quitar los privilegios de la clase que está para servir. Los anuncios de recorte presupuestal en ambas cámaras federales son buena señal. Quitar choferes, secretarios particulares y gastos de representación para la mayoría de funcionarios es acertado; mientras que el tema de los asesores puede parecer justo, pero es arriesgado, pues las funciones parlamentarias son muchas y complejas; en todo caso debería ser algo que se defina de cara a los trabajos camerales y no a ojo de buen cubero.

Claro, también ha habido abusos innecesarios para colmar apetitos personales y apaciguar grillas de grupos y fracciones, llegando al extremo, en algunos congresos estatales, de tener una comisión presidida por cada diputado.

De cualquier manera tenemos un diseño orgánico abultado en el Congreso mexicano. En un espléndido estudio, Luis Carlos Ugalde (Integralia) ofrece números que dan para actuar y pensar a los nuevos representantes. Por ejemplo, la enorme brecha entre iniciativas de ley presentadas y aprobadas: en la Legislatura que termina, en la Cámara de Diputados se presentaron seis mil 186 y sólo se aprobaron 804.

Respecto al elevado número de comisiones, el Congreso mexicano es el segundo (Senado) y tercero (Diputados) con más de ellas en el mundo. Sólo Nigeria y Filipinas tienen más comisiones que México; tenemos el doble que Japón y el triple que Austria y EU. ¿Son necesarias? ¿Funcionan en óptimas condiciones? ¿Son más productivas que las de los países mencionados? ¿Tenemos mejores leyes que ellos? Habrá que revisar necesidades, posibilidades y la ruta que pretende seguirse para definir cuántas, cómo y con quiénes funcionarán las comisiones de la nueva Legislatura; pero de entrada algunos números muestran el ritmo y necesidad de algunas frente a otras, por ejemplo, en la Cámara de Diputados fueron turnadas 862 iniciativas a la Comisión de Puntos Constitucionales, 792 a la de Justicia y 756 a la de Hacienda; mientras que la de Población recibió sólo 15, Marina 22 y Pesca 24; y eso no es poca cosa: en el Senado la Comisión de Biblioteca recibió, en toda la Legislatura, sólo una iniciativa. ¿No podríamos tener, como en España, un grupo de asesores para todos los legisladores en lugar de infraestructura para todo tema aunque no se ocupe?

Nuestro Congreso tiene que profesionalizarse. De hecho la Auditoría Superior de la Federación observó de forma recurrente, a ambas cámaras, por no prever la justificación del gasto de los grupos parlamentarios; ya veremos si lo hace ahora Morena, como tanto ha dicho.

El Parlamento es el centro de la representación nacional y por tanto el núcleo de la democracia. Gastar en exceso y sin razón, burocratizar y opacar su funcionamiento, es síntoma claro del estado que guarda la nación; tanto como las vergonzosas pancartas y gritos de sus miembros que rehúyen al debate civilizado. El reto de la nueva Legislatura es, como siempre se dice, servir con eficacia y responsabilidad al pueblo (por tanto, actuar de forma democrática) y quitar viejos vicios, abusos, corrupción y privilegios. Ojalá que sea así.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.