Escándalos
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Escándalos

11/06/2018

El ser humano, animal de costumbres, genera hábitos que se convierten en virtudes o vicios; los vicios multitudinarios se hacen barbarie y el hombre puede acostumbrarse a ello. Eso nos pasa, nada nos escandaliza. Los constantes asesinatos de periodistas y políticos se suman a los de tantos criminales que se han vuelto, junto con robos, extorsiones, secuestros, actos de corrupción, lavado de dinero y acusaciones recíprocas entre actores públicos, parte de nuestra cotidianeidad; tanto, que ya no usamos el término “escándalo” para calificar atrocidades.

El video en el que se ve y escucha a quien dicen es Juan Barreiro, hermano de Manuel, señalado de ser socio de Ricardo Anaya y de haber participado en diversas operaciones de compra-venta de inmuebles en presunto lavado de dinero, aflora de nuevo las dudas patrimoniales y de conducta del abanderado frentista; y a contrapelo, según el video que a manera de respuesta grabó Anaya, denuncia la intervención del gobierno en la elección. La discusión mediática parece circunscribirse a quién obtiene más reproducciones y “likes” en redes sociales.

El tema es cuestión de prueba, no de discursos. ¿Juan Barreiro es hermano de Manuel? ¿Es verdad que ayudaron a Anaya a hacerse de terrenos y le compraron bodegas a precio alzado? ¿Hicieron más negocios? ¿Cuadran las cuentas bancarias de Anaya y su forma de vivir con lo que declara? ¿Las autoridades ya citaron a los hermanos Barreiro para llevar a cabo las investigaciones pertinentes?

Anaya sólo contesta que es mentira y acusa un acuerdo entre el presidente Peña y Andrés Manuel López Obrador para evitar que llegue a la Presidencia. ¿Hay pruebas, indicios, datos? ¿Qué dice de los hechos? ¿De verdad es sólo un ataque? ¿En qué quedó la extraña maraña de compras y ventas millonarias? ¿Mostró los documentos que avalan los créditos a los que hace referencia? ¿Por qué está involucrado un chofer como accionista en esas operaciones? Serán las pruebas las que determinarán el esclarecimiento de lo que en otro país sería un escándalo.

Hay miles de quejas por llamadas telefónicas para promover el voto, principalmente en contra de López Obrador. Es difícil cuadrar el antijurídico con cargo a alguno de los candidatos, partidos o empresarios. El equipo morenista acusa guerra sucia, delitos electorales, inequidad en la contienda y hasta violación de principios constitucionales. Si llegara a acreditarse el origen de las llamadas y su vínculo con algún partido, derivaría responsabilidad para efectos de financiamiento y en consecuencia un posible rebase de topes de campaña, lo que puede ser causa de nulidad de la elección, pero se antoja muy difícil que lo prueben. Lo más preocupante del tema es que hastía al ciudadano y que se violan datos personales. También ya es parte de nuestras costumbres antidemocráticas, así que amén de la voz que alzan los contendientes, que se quejan de todo como si no hicieran nada, es triste ver que lo tomamos como algo normal. Supongo que en Suecia sería un escándalo recibir una llamada así.

El morbo de la semana es por los seleccionados de futbol que nos representarán en el Mundial de Rusia. Deportistas de alto rendimiento, héroes y ejemplo de niños y esperanza de millones que aguardamos el silbatazo inicial, fueron sorprendidos en una encerrona con treinta prostitutas.

Circula en redes sociales una imagen con dos fotografías que supuestamente se tomaron el mismo día: Toni Kross, el mediocampista alemán del Real Madrid, para muchos el mejor del mundo en su posición, entrenando a fondo, con fuerza, en perfecta sincronía física y en un equilibrio muy propio de la disciplina alemana, por un lado; y del otro a Héctor Herrera, centrocampista mexicano, al parecer con cuba en mano y con evidente aspecto de haber pasado la noche en juerga. Muchos ven favoritos a Alemania para llevarse la copa y muy difícil nuestro partido contra ellos. Los teutones siguen entrenando a tope y llevan concentrados varias semanas. Sin puritanismos, no puedo imaginar a Kross en el lugar de Herrera, quien está metido en un problema familiar por el comprensible enojo de su esposa; se especula si va a Rusia, porque además hay jugadores molestos con sus compañeros, a quienes señalan como responsables de haber filtrado la información. Es su irresponsabilidad pública y deportiva lo que debiera centrar el tema, y no la vieja trampa de matar al mensajero para evitar el escándalo, como hacen tantos políticos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.