El regreso de los fantasmas
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El regreso de los fantasmas

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El regreso de los fantasmas

08/10/2018
Actualización 08/10/2018 - 13:06

Bajaba del Metro Congreso de la Unión y entraba por la puerta peatonal, de frente al enorme escudo nacional en bronce que sobresalía del bajo relieve verde, entre las enormes paredes de mármol blanco y tezontle rojo que hacían un cuerpo escultórico de la bandera mexicana. A diario, cuando llegaba, me sentía orgulloso de trabajar ahí y de servir a mi patria. Estaba en mis primeros veintes y era pasante en el jurídico de la Cámara de Diputados… Daba lo que fuera porque me mandaran al Pleno para entregar algún papel a un diputado, pues el salón de sesiones era aún más imponente que la portentosa fachada.

He vuelto muchas veces desde entonces. He tenido el privilegio de impartir conferencias, dar seminarios e interactuar oficialmente con los legisladores. Pero recuerdo con pena una ocasión especialmente triste, tanto que me avergoncé de mi país:

Para tratar de impedir la toma de protesta del presidente Felipe Calderón, las entonces huestes perredistas de Andrés Manuel López Obrador tomaron la Cámara con estrategia de caracol: poco a poco, de uno por uno y días antes de la fecha constitucional, fueron entrando.

Fui invitado a un acto solemne como integrante de un órgano cúpula del Estado mexicano, y nos tuvieron las consideraciones de seguridad y acceso propias de nuestra investidura, sorteando bloqueos, marchas y plantones. Al caminar por los pasillos que llevaban del estacionamiento al salón de sesiones, esquivábamos personas echadas en el piso, como si fueran vagabundos (lamento la comparación, pero eso me parecieron), sin ducharse varios días, con alimentos a su alrededor y esperando alguna señal por si algún evento los reclamara.

La puerta del Pleno fue encadenada y a golpes y trompicones los legisladores de Acción Nacional arrebataron a los de la Revolución Democrática la posesión física de la Mesa Directiva y varias curules de las primeras filas.

Felipe Calderón fue vicepresidente de la Cámara de Diputados y conocía bien el edificio, así que ideó una estrategia propia de futbol americano y tras llegar por detrás de las banderas del Pleno, sus correligionarios le hicieron una especie de pasillo-túnel y entre gritos y consignas tomó protesta como presidente constitucional.

Muchos de los presentes nos alegramos de que lograra comenzar su encargo, pero la verdad es que fue un espectáculo ominoso. Quizá por ello no me impresionó tanto la toma de Paseo de la Reforma y el Zócalo, cuyos campamentos cuasi vacíos camine de punta a punta.

Ambas protestas fueron por la supuesta victoria que “robaron” a AMLO en la elección presidencial.

Cuando fui magistrado del Tribunal Electoral tuve oportunidad de revisar el expediente por mera curiosidad intelectual. También resolví con mis pares el asunto de la solicitud de transparencia para acceder físicamente a los paquetes electorales de la elección de 2006, lo que era otra forma de llegar al falso y popular reclamo del “voto por voto”.

Esa ilusoria pretensión hizo mucho daño al país y era imposible de realizar, pues la elección presidencial se organiza en 300 distritos electorales y las irregularidades deben impugnarse en el distrito afectado. El equipo de López Obrador lo sabía perfectamente pero pidió, en la queja de un distrito, que se abrieran los paquetes de todos los demás. Es como pedirle a un juez de Yucatán que eche a su inquilino en Baja California porque no paga la renta. Improcedente.

Ahora Roberto Madrazo quiere llamar la atención con datos inexactos. Reapareció con todo cálculo en un popular programa de radio de su natal Tabasco. Difícilmente puede creerse en la espontaneidad de un hombre público tan maleado. Soltó una bomba y luego reculó con la retórica del viejo político que piensa que es un arte dejar las cosas sin definir.

Dijo (12 años después de la controvertida elección presidencial de 2006) que en sus cuentas de aquella noche, según las actas que dice tenían, Andrés Manuel iba arriba de Calderón. Que no entregó sus actas a AMLO porque faltaban muchas, incluyendo las de estados panistas, como Guanajuato, lo que ya de suyo deja fuera su primera aseveración por el resultado tan cerrado de esos comicios.

Dijo también que Felipe Calderón es vengativo, y que urdió por ello el develamiento mediático de su trampa en el maratón de Berlín.

¿Qué interés lo mueve? ¿Para qué traer del pasado fantasmas superados? ¿Por qué alimentar una mentira que enardeció y dividió a la población? ¿Por qué congraciarse con su enemigo histórico y dirigir los tiros al expresidente? Fantasmas, retórica, mentiras y división. Todo lo que no necesitamos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.