¿Qué hacen los buenos profesores?
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¿Qué hacen los buenos profesores?

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¿Qué hacen los buenos profesores?

24/07/2018

*A mis exalumnos de la Ibero, La Salle, Tecnológico de Monterrey, ITAM y UNAM, con afecto.

La misión de un buen profesor es la formación de seres humanos preparados para desarrollar su profesión al servicio de otros seres humanos. El enfoque básico en el proceso educativo deberá estar dirigido al aprendizaje y no a la enseñanza.

El buen profesor no es poseedor ni transmisor de conocimientos ni datos enciclopédicos tradicionales implantados por él en la exposición de su materia ni de nociones falazmente inadecuadas ni de conceptos inservibles en la práctica profesional…. El buen profesor es una inspiración constante del aprendizaje y de la formación integral de sus alumnos. Desarrolla seres humanos y no únicamente profesionistas mediocres desde las aulas universitarias sin sentido para aplicar su saber profesional en beneficio de la sociedad, que como en el caso de la UNAM, es la que pagó el costo de nuestra formación.

La gran mayoría de mis alumnos universitarios consideran que con su titulación llegaron al proceso o etapa final de su desarrollo educativo. No se han puesto a pensar que, en rigor, “apenas” comienza la aplicación de su profesión.

Ahora, en 2018, y desde hace varias generaciones nos han fastidiado hasta la indignación maestros que en la secundaria, la preparatoria, en la carrera y en la maestría centraban su labor académica en la repetición y trasmisión verbal de conocimientos generales y antiguos, teorías y datos obsoletos que nos abrumaban a los estáticos y aburridos alumnos, en lugar de preparar sus clases para el aprendizaje combinado con ejercicios prácticos que sabemos por experiencia que los alumnos nunca olvidarán

Lograr un desarrollo profesional exitoso es la meta de todos los estudiantes universitarios. Ganar bien, alcanzar un buen desempeño, formar una familia, prestigio, poder, etc., son objetivos no siempre claramente analizados.

Sin embargo, en tales objetivos no suele considerarse la constante amenaza de la obsolescencia profesional. Un título profesional no hace a un buen comunicólogo, a un buen ingeniero, a un buen abogado, etc.

Los hace una permanente e incansable actualización, más la capacidad de vislumbrar si hay alguna otra actividad profesional que se ajuste con precisión a sus nuevas necesidades y que no se les presentó en la carrera que estudiaron.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.