Uy, ahí viene el miedo ('again')
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Uy, ahí viene el miedo ('again')

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Uy, ahí viene el miedo ('again')

10/04/2018
Actualización 10/04/2018 - 8:40

Esta historia tiene un prólogo. Uno que puede ser casual o causal, pero igualmente importante.

Prólogo: En la primera semana de la actual campaña presidencial inició una discusión sobre las pensiones que se pagan a los expresidentes de México. Un candidato prometió quitarlas (yasabenquién), otros dos las defendieron (yasabenquiénes), mientras la candidata dijo que sí se pueden retirar pero no por decreto. Al criticar la propuesta, un expresidente cuyo patrimonio es muy distinto antes y después de Los Pinos, dijo que la pensión es “para no robar”. En esas estaba todo mundo cuando la prensa publicó fotos de la fiesta, por el 70 aniversario, de otro polémico expresidente.

El gabinetazo (es un decir) y otros amigos (Romero Deschamps, ministros de la SCJN) acudieron puntuales al festejo. Todo lo anterior, insisto, en unos cuantos días. Sólo les faltó un hashtag que dijera #quecomanpasteles.

Con ese telón de fondo el equipo de campaña del candidato oficial lanzó spots donde sacan del armario al miedo.

“Tengo miedo”, dice una madre en uno de los anuncios al hablar de que El Peje, así le dicen en el video, quiere echar atrás la reforma educativa justo ahora que su hija va bien en la escuela con “maestras bien preparadas”. Al final de la dramatización (nunca mejor dicho) el marido de la afligida la conforta diciendo: “tranquila, va a ganar Meade”.

El candidato oficial ha comenzado a hablar del 'miedo al Peje' al mismo tiempo que se discutía sobre los privilegios de una clase política desacreditada que, encima, el fin de semana estuvo de manteles largos hasta la madrugada (¿pues no que mucho miedo?).

Han decidido lanzar esta nueva campaña del miedo a pesar del contexto –polémicas pensiones y multimillonarias estafas maestras por aquí, por allá y por acullá (más las que se acumulen)–, porque ellos obedecen a una lógica que no toma en cuenta la incongruencia entre lo que está ocurriendo –hartazgo por corrupción e impunidad— y un discurso que lo que a toda costa pretende es evitar el cambio.

Los partidos que respaldan la candidatura oficial han dado el pistoletazo de salida a la guerra sucia. La duda es quién los seguirá. En esta muy forzada segunda edición del miedo, ¿qué papel querrán jugar los empresarios?

Gente pragmática, los barones del dinero no se dejan engañar. Y si Meade no sube, pues alguien habría dicho que lo conducente es provocar que el candidato de Morena baje, a como dé lugar; así sea al costo que implica el revivir la guerra sucia, con su inherente polarización social, que tan buenos rendimientos les dio en 2006.

En aquellos comicios, gracias a su poder económico los empresarios apadrinaron la cantaleta de que AMLO era un peligro para México, y dado el monopolio de la distribución masiva que entonces tenían los medios electrónicos, la estrategia se probó efectiva.

Aún no sabemos hasta dónde llegará, guiada por el miedo, la iniciativa privada.

Pero que hoy, gracias a las redes sociales se haya arrebatado a los grandes medios el monopolio de la conversación no significa que la misma no pueda ser manipulada. No significa que los poderes fácticos estén resignados a no intentar, al menos, influir a favor o en contra de algunos candidatos mediante campañas en internet disfrazadas de llamados a defender las reformas o la estabilidad o el 'modelo'.

Así que agárrense. Los políticos han vuelto a demostrar que conocen el temor a Dios. No ven que el miedo es a ellos y sus grandes fraudes, privilegios e indolencia. Ahora sí comienzan las campañas. Pero de una mala manera. Ojalá los empresarios se comporten y no las empeoren.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.