Sheinbaum: El inicio de una ilusión
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Sheinbaum: El inicio de una ilusión

COMPARTIR

···

Sheinbaum: El inicio de una ilusión

05/12/2018
Actualización 05/12/2018 - 10:44

Soluciones en los temas de agua y movilidad, pero sobre todo devolver a los chilangos la sensación de que al frente del Gobierno de la Ciudad de México está alguien que entiende y atiende la compleja gestión de intereses que chocan en la capital, esas serían las tres peticiones que formularía a Claudia Sheinbaum, quien hoy se estrena como jefa de Gobierno.

El arrollador triunfo, así como la ubicua personalidad mediática de Andrés Manuel López Obrador, han opacado el importante cambio político que está por experimentar la Ciudad de México.

Claudia Sheinbaum se convierte hoy en la quinta autoridad capitalina electa democráticamente. Y su llegada representa ni más ni menos que una primera alternancia para la ciudad que hasta hoy retuvo en su poder el Partido de la Revolución Democrática.

¿Qué debería distinguir la administración de Sheinbaum frente a la de sus antecesores?

Si pensamos en la administración inmediata, la respuesta es simple: borrar de tajo esa noción que se instaló en la capital de que el gobierno central vivía en una nube hecha de relaciones públicas de color rosa y clases de zumba, mientras a ras de asfalto, además de baches, reinaba la ley del más fuerte: el político más fuerte en clientelismo, el transportista más fuerte en relaciones con el gobierno, el constructor más fuerte en dádivas a los (ex)delegados y entidades “supervisoras”, el líder de ambulantes más aguerrido, el cártel más agresivo, el delegado (hoy alcalde) que más ha capturado una demarcación, el antrero más conectado, los vecinos más empoderados, los diputados con más capacidad para armar los moches, los permisionarios de mobiliario urbano más gandallas… Y debajo de todos ellos, el ciudadano de a pie.

Entonces, Claudia la tendría fácil a la hora de intentar marcar una diferencia. Debe generar la percepción, desde muy pronto en su mandato, de que hay Gobierno por encima de todos esos poderes fácticos mencionados en abstracto pero fácilmente reconocibles en cada caso, así como demostrar que su gobierno procurará limitar la corrupción que hace posible los múltiples y cotidianos abusos de aquellos que medran con el espacio público.

La ciudad capital vive en una sensación de haber quedado desde hace años al garete. Desde un sindicato de bomberos donde se atacan a balazos, hasta un hospital público que explota por fuga de gas sin que haya un investigación que dirima responsabilidades, pasando por matanzas colectivas (Heaven), aumento en cifras de homicidios y escenas típicas del crimen organizado que no se veían en la capital, los últimos tiempos han retado la costumbre de los capitalinos de no sorprenderse ante lo inaudito.

Ese panorama, que incluye destrucción patrimonial y caos inmobiliario, espera a Sheinbaum, que llega acompañada de un equipo donde combina talento nuevo con viejas caras de la política.

Pero si distinguirse de los inmediatos gobernantes de la capital (el que huyó al Senado y el que se quedó de interino) resultaría sencillo, Claudia en cambio tendrá en el frente moreno un escenario más complejo. Ahí deberá marcar distancia y diferencia frente al gobierno nacional de AMLO, gobernar esa exuberancia que integra a Morena también a nivel local y, no menos importante, revisar lo que no se haya hecho (o se haya hecho mal) en el pasado inmediato a nivel delegación, incluyendo a exfuncionarios surgidos de su partido.

Si el país estaba harto de la corrupción, la indolencia e ineficiencia de los priistas en el plano político federal, no menos se puede apuntar en Ciudad de México. Si hay decepcionados porque López Obrador no quiere investigar al Peña team, qué hará Claudia con quienes esperarían que revisase cómo se dieron las cosas en enclaves que han mangoneado los Toledo, los Romero, los Luna… y los Monreal.

Y además de todo ello, que se note la mano del nuevo gobierno también en un problema que nadie quiere visibilizar pero que ya provocó una crisis de más de una semana hace apenas unos meses (el agua), y lo mismo en esa cuestión tan evidente como la falta de buen transporte y la deficiente movilidad: que se intenten soluciones lógicas que rompan la inercia impuesta por un lado por los microbusero al tiempo de que el Metro colapsa por fallas o saturación.

Con todo, hoy es el arranque de una ilusión. Ojalá Sheinbaum haga buenos los pronósticos y presente una agenda innovadora gestionada con autoridad, no sólo para afincar su futuro político, sino sobre todo para devolver a los capitalinos el orgullo que estos han sentido por su irrepetible forma de vivir este terruño. Ojalá.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.