Ser una prensa débil
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Ser una prensa débil

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Ser una prensa débil

03/04/2018
Actualización 03/04/2018 - 13:19

Hace cosa de dos semanas se vio por la redes sociales a colegas celebrando a colegas por haber ganado el 'premio nacional de periodismo'. Alguien me preguntó, ¿ese es EL premio nacional de periodismo? Sí y no, respondí.

Sí es un premio nacional de periodismo, intenté explicarme, porque se reparte en la capital. Y ya se sabe que todo lo que hacemos en la ciudad de México es tan pero tan importante, no, que de inmediato lo subimos a la categoría de nacional.

Además, es el premio nacional de periodismo porque lo ganan medios y periodistas, mayormente, de la capital (Ídem: si les ocurre a los del ex-DF, entonces es nacional).

Y es el premio nacional de periodismo porque así lo llaman los colegas que lo otorgan (el llamado Club de Periodistas) y así lo asumen quienes lo reciben (yo mismo en alguna ocasión). Todos felices con llevarse a casa un premio nacional.

Pero no es EL premio nacional de periodismo porque ese se entrega en otras fechas, con Paloma Pisapapeles de Juan Soriano y toda la cosa (entiéndase un cheque), y lo organizan –luego de la primera era priista– universidades que mediante un jurado de colegas integrado ex profeso y con representación (ese sí) regional, decide los galardones para las distintas categorías.

¿Entonces? Entonces lo que ocurre es que hay varios premios nacionales de periodismo porque ni en eso nos ponemos de acuerdo los periodistas mexicanos, no somos buenos para tener un único y por tanto dueño de total prestigio, premio nacional de periodismo.

Este botón de muestra de falta de integración gremial tiene su lado más lamentable en la evidente incapacidad de los periodistas por hacer valer la demanda de justicia para compañeros asesinados o amenazados. Es más, ni siquiera hemos logrado incomodar al poder en agresiones 'bien nacionales' –es decir, cuando las víctimas han sido colegas conocidos, respetados y queridos en todos lados– como fueron los asesinatos de Miroslava Breach y Javier Valdez en 2017.

Ni cuando nos matan nos importa lo suficiente como para dejar la desunión y la desconfianza. Ni siquiera ante tan arteros crímenes logramos que nuestros medios se interesen, como entidades mercantiles y actores de la dinámica social que son, en hacer más fuerte, e ineludible, el reclamo.

Entonces, cada quien sus premios… y sus muertos. Porque no son ni los premios ni los muertos de toda la prensa, de toda la industria de los medios.

Ahí comienza otro debate: ¿Existe una industria de medios en México? Existen, qué duda cabe, un par de grandes compañías de televisión, algunas cadenas de radio nacionales y regionales, algunos canales en cable, un puñado de portales, y (si me apuran) una docena de periódicos dignos de ese nombre (no todos, por supuesto en la capital).

Esos medios atestiguan hoy en total mutismo el intento de asonada del PRI gobierno y partidos paleros, que buscan un albazo para aprobar una ley de publicidad oficial que no cambia el modelo discrecional mediante el cual el gobierno de Enrique Peña Nieto ha repartido 40 mil millones de pesos en este sexenio.

Ese dinero podría tener un mejor fin, en los medios y fuera de ellos. Y sobre todo podría gastarse con criterios públicos de idoneidad y pertinencia, podría servir para que los mexicanos tengan mejor información y más variada, es decir una mejor prensa.

Pero el gobierno pretende lo contrario. Quiere el control sobre los medios que le da ese dinero discrecional. Y los medios tampoco buscan un cambio. Nada de someterse a la medición de tirajes, audiencias, influencia, etcétera. Nada de ser una industria con métricas profesionales como el siglo XXI manda.

Mejor ser una prensa débil a fuerza de billetazos, con hartos premios… aunque hartos muertos también.

Más sobre la intentona gubernamental http://publicidadoficial.com.mx/predictamen-de-ley-de-comunicacion-social-atenta-contra-medioslibres/

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.