Maradona y Jalisco
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Maradona y Jalisco

07/09/2018
Actualización 07/09/2018 - 11:26

Díganme provinciano, pero eso de “Maradona a Culiacán, ¿qué podría salir mal?”, me caló.

Yo tenía poco más de un mes de haber llegado a vivir a la Ciudad de México cuando en junio de 1994 una bomba explotó a las afueras del hotel Camino Real de Guadalajara. Iba, dijeron entonces, dirigida a un grupo de narcos que celebraba ahí una ocasión familiar.

Al saberse la noticia acá en el DF, José Vera, experimentado reportero de espectáculos, me dijo en la redacción en la que por entonces colaborábamos: “híjole, en tu tierra, cómo son”.

Violencia en Guadalajara, no es novedad, en efecto. Pero que en la Ciudad de México muchos, no sólo el buen Vera, a lo largo de los años repitieran expresiones y comentarios donde el narco y sus consecuencias son algo de la “provincia” mas no una cosa de la que participen, se beneficien (hola consumo, hola lavado de dinero) los capitalinos, enchila.

Entiendo el mame sobre Maradona. Después de Rusia 2018 Maradona pues… Está mal burlarse de alguien que tiene problemas con sustancias, pero “redes” y “está mal” rima a la perfección… Ahora bien, por qué meter a Culiacán en el embarre. Y a Sinaloa, que ha padecido una historia de violencia, pero donde hay, ¿alguien lo duda?, millones de personas ajenas a la delincuencia, al narcotráfico y… al consumo de drogas, que no es, para empezar, algo que los distinga.

Los datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017 e incluso de la Encuesta Nacional de Adicciones 2008 muestran que Sinaloa no es el peor lugar en el que alguien podría caer si de un ambiente de consumo de enervantes hablamos. Porque no me van a decir que sólo ahí hay narcos que provean drogas, ¿verdad?

Al comparar esas encuestas, si fuera por crecimiento en consumo de drogas entre 2008 y 2016 a Maradona le podría ir peor si le hubieran ofrecido dirigir el Necaxa: Aguascalientes pasó en “incidencia acumulada de uso de cualquier droga (población de 12 a 65 años)” de 5.3 por ciento a 11.8 por ciento. ¿Otro ejemplo? El Santos [Coahuila] era también mala opción: el consumo creció de 3.6 por ciento a 11.4 por ciento. ¿Entonces Los Gallos? Querétaro pasó de 6.8 por ciento a 12.3 por ciento. ¿Sinaloa? “Sólo” pasó de 6.6 por ciento a 9.4 por ciento.

Ahora, ese registro de “incidencia acumulada” no es el que más convence a los especialistas. Ellos prefieren el indicador “Consumo último año de cualquier droga”. En ese rubro, si vemos la efervescencia, Tiburones era peor oferta: Veracruz pasó de .8 por ciento a 2.5 por ciento; y ¿los de la Franja? También: Puebla fue de .7 por ciento a 3.2 por ciento. Sinaloa, de nuevo, se mantuvo debajo del promedio de crecimientos: 1.9 a 3.2 por ciento.

Consulté a una especialista y me dijo que hay reportes internacionales en los que México está muy por debajo de países como Chile, Brasil y… Argentina.

Es decir, Maradona caerá, así sea en Culiacán, en un lugar no tan “invitante” (hola a los que creen que el entorno tiene la culpa).

Al revisar los números caí en cuenta que quizá Pepe Vera tenía razón. Ojo, nadie está diciendo que exista correlación de consumo y violencia, pero los números de la Ciudad de México en ese comparativo no son “tan” malos (2.2 por ciento en 2008 a 2.9 por ciento en 2016).

La buena noticia es que a Diego Armando no le ofrecieron el Atlas: Jalisco pasó de 1 por ciento a 5.2 por ciento, un salto brutal que sólo palidece frente a Colima, donde el consumo creció diez veces (.3 por ciento a 3.1 por ciento).

Lo único que me quedó claro es que Maradona qué, jalisquillos y colimitas tienen un problemón. Algo salió mal. Muy mal.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.