La escuela Rébsamen, la corrupción y Rochita
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

La escuela Rébsamen, la corrupción y Rochita

COMPARTIR

···

La escuela Rébsamen, la corrupción y Rochita

28/09/2017
1
   

    

Colegio Enrique Rébsamen. (Cuartoscuro)
,

El pasado martes la delegación Tlalpan salió a dar explicaciones con respecto a los papeles de la fatídica escuela Enrique Rébsamen, donde el 19 de septiembre murieron 19 niños, sin contar los adultos.

Claudia Sheinbaum, titular de esa demarcación, exhibió documentos presentados a la autoridad delegacional por el colegio.

Antes de que la delegada diera su rueda de prensa compartí con mi colega Claudio González Caraza una inquietud: “¿Qué tal si en los papeles sale un Rochita?”, le dije. No estoy hablando en clave. Paso a explicar.

Hace un año, y gracias a información proporcionada por vecinos de la delegación Cuauhtémoc, Claudio y yo hicimos un reportaje para la revista Nexos. Se tituló 'El factor Monreal' y fue publicado en diciembre. Ahí se retrataba la voraz destrucción de patrimonio inmobiliario en esa demarcación gobernada (es un decir) por Ricardo Monreal. (http://bit.ly/2xyfYdy)

El reportaje se planteó, entre otros objetivos, cotejar los documentos mediante los cuales operan establecimientos mercantiles (principalmente restaurantes) en la Roma y la Condesa. No fue sorpresivo que todos, todos, tuvieran papeles 'en regla'. La cosa es que algunos documentos, por ejemplo los relativos al uso de suelo, son diferentes (incompatibles, sería la palabra correcta) si uno pide el mismo papel a la delegación o a la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi).

Tomamos como muestra ocho restaurantes. Cito el reportaje: “Seduvi indicó, sin excepción, que los predios donde operan todos esos restaurantes no permiten ese giro mercantil. En cambio, la delegación respondió con usos de suelo que sí permiten la existencia de un restaurante en estos locales. Todos los usos de suelo entregados por la delegación dicen haber sido expedidos entre los años 1989 y 1992”.

Recurrimos a un gestor de permisos y nos explicó esa 'contradicción': es fácil obtener “un uso de suelo que fabrican con las características de los de principio de los noventa. Ponen las letras viejitas y lo hacen en tamaño oficio. Ponen la firma de Rochita. Al enseñarle los usos de suelo que la delegación entregó a MCCI para estos ocho restaurantes, todos con la firma de un arquitecto de nombre Roberto Rocha García, el gestor se ríe. ‘Esa es la firma más falsificada en este medio’. Tan notorios son estos documentos noventeros que un exdirector jurídico de la delegación Coyoacán asegura que al recibir documentos con estas características no quedaba más que empezar un proceso de averiguación, ya que invariablemente eran apócrifos. Un exdelegado de la Miguel Hidalgo escanea rápidamente los mismos documentos y los regresa al instante, diciendo, ‘estos son falsos’”.

Volvamos a Tlalpan. Entre los papeles del Rébsamen hay un 'Rochita', emitido, según eso, el 16 de marzo de 1990.

Hay algunos Rochitas legítimos, pero de momento no sabemos si el Rochita del Rébsamen lo es. Y ahí tenemos un gran problema. Un documento en el expediente oficial de una demarcación puede ser perfectamente ilegal, como de hecho para este caso ha alegado el Invea, que acusa a la escuela de falsificar documentos. Claro que el Invea luego fue omiso, como ya lo señaló un tribunal administrativo.

Cuando haya tiempo de revisar lo que nos pasó el 19 de septiembre un renglón obligado es el desmadre en los permisos de uso de suelo, incluida la corrupción.

Qué bueno sería que cuando una familia quiera inscribir a sus hijos a una escuela pudiera cotejar, en línea y en tiempo real, en Seduvi y en la delegación, los papeles de ese inmueble. Hoy obtener tales documentos puede llevar hasta seis semanas. Y cuando te los entregan no sabes si son legítimos o Rochitas.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
¿Solidaridad? Sí, pero mejor tenencia
Hora de rendir cuentas
CDMX: Reglamento de obras, suspendido

,

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.