¿Es corrupto EPN?
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¿Es corrupto EPN?

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¿Es corrupto EPN?

14/05/2018
Actualización 14/05/2018 - 8:53

Durante el debate de candidatos a la presidencia de la República del 22 de abril, Ricardo Anaya lanzó una pregunta al abanderado priista José Antonio Meade que en las siguientes semanas ha rebotado por aquí y por allá.

“Te pido que tú contestes, sin rodeos, con claridad, tu jefe, Enrique Peña Nieto, ha gobernado con honestidad, ¿sí o no, José Antonio?”, emplazó Anaya. El tres veces secretario de Estado con Peña Nieto dejó la pregunta sin contestar.

El cuestionamiento ha perseguido a Meade. El 7 de mayo, en Tercer Grado, Carlos Loret de Mola la reiteró: “Desde el punto de vista de José Antonio Meade, ¿es honesto el presidente Enrique Peña Nieto?” .

José Antonio Meade: “Sí. Yo trabajé con dos presidentes como secretario de Hacienda. Yo trabajé con el presidente Calderón y con el presidente Nieto (…) y estoy convencido de que en ninguno de los dos casos los animaba algo distinto que el país le fuera bien”.

Y en entrevista colectiva en Milenio TV, a Jesús Silva-Herzog Márquez le contestó de manera casi idéntica.

No sabemos si el candidato Anaya quiso, con su pregunta, ensuciar a Meade, quien se presenta en esta elección como un funcionario de manos limpias.

Pero independientemente de la intención de Anaya, la pregunta ha capturado a los colegas, tanto que quizá no repararon en que tal como está, es muy difícil de responder, por Meade o por quien sea. ¿O ustedes encuentran fácil establecer si alguien es o no es honesto en su actuar? El panista no preguntó si Peña Nieto era corrupto, si había cometido delitos, o si era del conocimiento de Meade que hubiera incurrido en actos de corrupción, o si le había solicitado impunidad para Moreira, o dar manga ancha a Duarte (cualquiera de los dos); no, cuestionó otra cosa, la honestidad, y con ello nos metió en meandros propios de la filosofía o cuando menos la ética, pues qué compleja la cuestión de la honestidad de un gobernante mexicano, aun si sus iniciales son EPN.

De las preguntas que nos hagamos como sociedad dependerá la utilidad de las eventuales respuestas que obtengamos en ese cuestionamiento.

Creo que estamos ante una pregunta ociosa. De la misma forma en que se critica a López Obrador cuando dice que dado que él es honesto en su gobierno la corrupción amainaría, el cuestionamiento de Anaya nos lleva por un camino equivocado: ¿Solo la deshonestidad de Peña explicaría que haya corrupción en, digamos, Capufe? ¿Como el presidente no era honesto, entonces al gobernador de Quintana Roo no le quedó más que dedicarse al expolio?

Puestos a hablar de honestidad, a mí me habría gustado más escuchar cómo se explica Meade a sí mismo —y a sus eventuales votantes— el caso de la 'casa blanca', o la casa de Malinalco de Luis Videgaray. Y ya que estamos en esas, cómo explica Anaya que no se convirtió él, desde la figura prominente que fue en la Cámara de Diputados, en un campeón de la creación de una instancia del Congreso que, de manera ejemplar e inédita, investigara el conflicto de interés de la operación inmobiliaria de los Peña en las Lomas. O qué responsabilidad asume el panista de que no tengamos hoy una fiscalía que sirva y tantos meses sin fiscal anticorrupción, etcétera.

En cristiano: es un número teatral eso de si Peña Nieto es honesto o no lo es; dediquemos mejor esa energía a lograr que actos específicos de quebranto a la ley tengan el castigo debido.

A lo mejor si empezamos por hacer pagar sus culpas a cualquier funcionario que sea encontrado en falla, sea un director general o un subsecretario, luego quizá podríamos ir por un oficial mayor, o en una de esas llegamos a la cima, a actos de corrupción imputables en las titularidades de las secretarías de Estado.

Si tuviéramos certeza de que en ninguna de esas dependencias, ni en instancias empresariales o sociales, hay impunidad, ufff, qué relevante sería, entonces sí, saber si el presidente es honesto, porque para empezar sería una rareza: cómo que el jefe no es probo si toda la sociedad rechaza y castiga la corrupción en cualquier nivel.

Pero no, el chiste es saber si la culpa todita de nuestra corrupción se la va a llevar consigo Peña Nieto a Ixtapan el 1 de diciembre. Ta güeno.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.