Campañas, qué cambió en el primer tercio
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Campañas, qué cambió en el primer tercio

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Campañas, qué cambió en el primer tercio

30/04/2018
Actualización 30/04/2018 - 10:18

En la 'fiesta brava' la corrida se divide en tercios. El primero de ellos es el de varas. En ese momento torero y público podrán apreciar la bravura y el estilo del toro.

Es un periodo en el que en apariencia ocurre poco, pero en el que no pocas veces se define el curso de la lidia del astado en cuestión. Es cuando, además de lances con el capote, se sangra al toro.

Si se le pica demasiado o de mala forma, el toro quedará hecho una desgracia y el matador no tendrá más nada qué hacer. Si, en cambio, el matador entiende las condiciones del burel y atina a consentirlo/someterlo adecuadamente, podrá redondear una faena.

El primer tercio de la campaña presidencial, que a su vez rezuma el espíritu de la mayoría de las campañas a nivel nacional, ha concluido. Qué tan diestros han resultado los candidatos para descifrar lo que ha salido de la puerta de los sustos.

Los tres candidatos que estaban colgados en el cartel original se han llevado sendos revolcones. Sus contrincantes se han encargado de hacerlos quedar mal frente a los bichos que les han tocado en suerte.

El primer espada, Andrés Manuel López Obrador, a ratos se ha mostrado sereno pero a últimas fechas se le ha visto descompuesto. Quizá fue que entró a la plaza demasiado confiado. Había razón para el optimismo: su condición de puntero y mítines de buena concurrencia en el norte del país, el espacio que menos se le ha entregado, hicieron pensar que la tercera era la vencida.

Sin embargo, López Obrador no ha sabido templar las secas embestidas que le dieron en el debate, donde se le vio carente de recursos (hasta Cantinflas desespera con la falta de elocuencia del tabasqueño), y dado que no perdió tanto en esa cita, ahora le ha caído la de Dios; bueno, la de los dioses del dinero, que han iniciado ya una campaña en su contra disfrazada de interés por los niños. Veremos si Andrés Manuel logra evitar la cornada de quienes lo mandaron al hule en 2006.

El más joven de los otros espadas, Ricardo Anaya, ha vuelto a boca de todo el mundo. Bueno, de todo el mundillo de los aficionados de hueso colorado. Su actuación en el debate ha despertado el entusiasmo de aquellos que creen que es el candidato ideal de la Peña Taurina del NO: esos que sobre todas las cosas, todas, lo único que quieren es que López Obrador NO salga a hombros. Que si hay que ver el drama de la desigualdad; no importa, siempre ha habido, siempre habrá. Que si nos ahogamos en corrupción; tampoco importa, al fin y al cabo es nuestra corrupción. Que si así es la democracia, puede ganar cualquiera; qué hacemos para que no sea así, lo que sea.

Anaya ahora tendrá que demostrar que también levanta emociones en plazas de todo el país, mostrar que además de PowerPoint tiene arrastre popular. Y salir bien librado de la trampa de esas millonarias operaciones inmobiliarias que lo persiguen como sólo espantan los traumas cuando uno no los aclara honestamente.

Por lo pronto hay de nuevo en el ambiente de la plaza algo del murmullo que surgió cuando en su momento apareció un novillero al que unos se apresuraron a nombrar como joven maravilla.

Cierra el cartel el diestro menos diestro en los alberos. Para ser torero, decían los cánones, hay que parecerlo, y Meade no parece candidato en una presidencial: se le ve más en reuniones de empresarios y comidas con sus amigos que en baños de pueblo.

Si previo a la corrida en su cuarto de guerra siempre decían que José Antonio Meade saldría del tercer lugar “porque las campañas cuentan”, qué dirán ahora sus asesores cuando transcurrido el primer tercio de la campaña, el balance de ésta es que nadie le ve ni arrojo ni carisma al chaval de Chimalistac.

De último momento ha entrado a la corrida una espontánea que ya llevaba sus años entre las cornadas. Es pronto para saber cómo le irá. Ah, y también se ha colado un tramposo; qué novedad, un mal bicho en los corrillos, dirán algunos, pero no, granujas como éste no se ven todos los días en las plazas de postín.

Viene un tercio de trámite, un mes de mucho ataque, y luego el mes de la hora de la verdad. La corrida apenas comienza, pero pareciera que ya tenemos claro de qué está hecho cada candidato. No hay mucho margen para esperar que lo que siga sea una linda tarde.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.