2006, aquí vamos
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2006, aquí vamos

29/01/2018
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AMLO
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Andrés Manuelovich está contento. Feliz, aquí y allá suelta puntadas: que si perdona al innombrable, que si también a Peña, que si tiene la medicina para la tensión de los nerviosos priistas.

Algunos de sus chistes le salen bordados. El video en el puerto veracruzano, un hitazo. Con un quiebre de cintura se quitó de encima la intentona priista de ligarlo con Rusia. Chapeau.

Tan feliz anda López Obrador que parece haberse dejado seducir (otra vez) por el canto de sirenas que le susurran que ya ganó. Hace días dijo que él ya está más ocupado en gobernar que en la campaña.

Ah, que el camarada Andrés, sus tropas electorales han sido derrotadas en dos contiendas presidenciales y también en el Edomex, pero él ya anda casi casi llamando a romper filas.

Eso sí, hay quien dice que si AMLO no se cansa, que si no se enoja, que si no se distrae, Anaya y Meade no le verán el polvo. Puede ser. Para que tal cosa ocurra, sin embargo, necesitará que le ayuden sus amigos. No precisamente lo que ha venido pasando con un par de ellos.

León Krauze publicó el 15 de enero una columna sobre una eventual injerencia rusa en las elecciones mexicanas. No es el primero y no será el último en hacerlo. A otros nos preocupa más el ilegal uso de las redes sociales por parte de los partidos mexicanos, pero esa es otra historia.

En su columna, Krauze planteó que López Obrador tendría que hacer algo con respecto al hecho de que John Ackerman, su cercano, es colaborador (León dijo incluso empleado) de Russia Today, medio propagandístico de Putin. Ackerman es esposo de Irma Sandoval, académica versada en temas de corrupción y eventual encargada de la Función Pública en un gobierno de AMLO. “Que una futura integrante del gabinete del puntero de la campaña presidencial esté casada con un cercano colaborador de Russia Today (‘nuestro hombre en México’, le han llamado en la cadena) es un dilema que prendería los focos rojos en cualquier país en estos tiempos”, escribió el periodista.

Si bien el texto incurre en un exceso al deslizar que la labor de Sandoval quedaría en entredicho por estar casada con quien está casada –y de ahí el reclamo de la académica de que fue víctima de machismo–, los planteamientos de León lograron exhibir que el pejismo descalificador goza de cabal salud.

Claro que el trabajo de los periodistas es opinable. Pero apelar, como hizo Sandoval desde el primer mensaje sobre este tema, a supuestos linajes para demostrar lo bueno que es uno, y lo malo que son los demás, es muestra de pobreza de argumentos o de temperamento destemplado.

Muy lejos del fino tono de burla con el que López Obrador ha capoteado 'la trama rusa', tanto Sandoval como Ackerman han respondido a sus críticos con tuits y retuits de donde se dicen víctimas de acoso y linchamiento, califican a otros de perros, de sicarios mediáticos, y donde no se ahorran los autocebollazos.

Cuando faltan cinco meses para la elección tenemos a un López Obrador animado y amistoso, pero también disonantes expresiones de amlistas, que responden cuestionamientos no con el tono conciliatorio, genuino o fingido de AMLO, sino alimentando la polarización.

¿Creerán Sandoval y Ackerman que hacen un favor a su candidato cuando contestan la provocación de Krauze con ecos del 'cállate chachalaca'? Si así son cuando sienten que van ganando, qué poco esperanzador imaginarlos en la victoria.

Formalmente las campañas no han empezado, pero para algunos la ruta parece clara: 2006, aquí vamos.

Twitter: @SalCamarena

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.