Opinión

Salud y enfermedad emocional

    
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Codependencia emocional. (Shutterstock)

La dependencia temprana que caracteriza el desarrollo de los seres humanos, produce sentimientos aterrorizantes, todos asociados con el miedo al abandono. Que alguien sienta que enloquece cuando no se siente valorado, cuidado o mirado, se debe en parte a reminiscencias del pasado, cuando la necesidad de ser único era indispensable para sobrevivir.

Algunos adultos siguen atados dramáticamente a los deseos de sus padres y solo cumpliéndolos, pueden sobrevivir psíquicamente. Estas relaciones utilitarias en las que solo contaban los deseos o las necesidades de padres y madres demasiado frágiles o muy vanidosos como para reconocer la existencia del niño, tienen como consecuencia la aparición de un yo falso, que los pacientes describen como la sensación de estar actuando un papel y no viviendo una vida auténtica.

El paso de la incapacidad a la capacidad de reconocer y aceptar la realidad, es uno de los hitos en el desarrollo. Mucho sufrimiento proviene de negar que algunas cosas no tienen remedio, como la forma de ser los demás, que difícilmente se convertirán en las personas que necesitamos: un marido está desesperado por el mal carácter de su mujer y está convencido de que su misión en la vida es tranquilizarla. Vive en permanente frustración porque pese a sus esfuerzos y a lo que él considera amor incondicional, la cólera de su pareja no disminuye. Aceptar que ella tiene un problema con la ira y no él, es uno de los primeros pasos para establecer una relación adulta en la que cada quien se responsabilice de sí mismo.

No es difícil comprender que detrás del miedo al abandono, hubo abandonos tempranos reales y dolorosos, de niños y niñas relegados al limbo por padres muy ocupados, deprimidos o narcisistas. Solo las figuras permanentes, estables, resilientes y también autónomas, son capaces de criar hijos seguros que se convertirán en adultos que puedan tolerar la soledad y que no buscarán la aprobación, la amistad ni el amor de forma desesperada.

Es normal que el niño se desilusione al descubrir que su madre y su padre tienen otros intereses y asuntos que atender además de cuidarlo, pero la desilusión debería ser un proceso gradual para pasar de la absoluta dependencia del bebé y del niño pequeño a la creciente autonomía y adaptación del niño y del adolescente.

Estos logros del desarrollo hacen la diferencia entre un adulto capaz de gratitud y un adulto envidioso que siempre siente que la vida le debe.
No hace falta haber tenido padres perfectos, sino padres ordinarios pero entregados de manera suficiente al desarrollo de sus hijos.

La necesidad apremiante de que nos confirmen como hermosos, inteligentes, valiosos y queribles, es un síntoma de abandonos que no pudieron resolverse. Sentir que se deja de existir sin la mirada y la atención devota de quien nos ama, es otro síntoma de que se ha puesto afuera el autoestima que no existe adentro.

Devaluar siempre el amor o la amistad, suele provenir de una necesidad tan profunda que nadie podrá satisfacer.

Si nos convertimos en nadie cuando nos dejan de amar, están claras las fallas en la autonomía psíquica y en la conservación estable de autoestima. La necesidad brutal de amor y seguridad puede volver a las personas egoístas, solo interesadas en recibir; o en seres dependientes capaces de darlo “todo” para que no los dejen.

La capacidad de empatía y gratitud es señal de un desarrollo sano del yo. Soportar que la ilusión se rompa porque los otros no son objetos que puedan ser controlados, también es señal de un yo sano. Poder preocuparse por los demás y sentir culpa cuando los hemos lastimado, también.

Los síntomas del mundo psíquico sirven para conocernos, para entender cuáles son nuestros agujeros y cómo intentamos llenarlos. También son luces preventivas en el camino para detenerse y buscar nuevas formas de relación, que no se distingan por el miedo al abandono, el egoísmo, el utilitarismo o la necesidad infantil de reconocimiento.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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