Opinión

Saltar

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El 19 de febrero, Oliver Sacks publicó una carta en el New York Times para informarle al mundo que está muriéndose de cáncer en el hígado. (Cortesía)

“Ser del salto. Y no del festín, su epílogo”.
René Char

Según el Diccionario Redes (dirigido por Ignacio Bosque) un salto puede ser “abismal, acrobático, brusco, considerable, cualitativo, enorme, generacional, grande, ligero, mortal, pequeño”.

La vida podría ser resumida como una sucesión de saltos que nos llevan al siguiente nivel de nuestra vida. Algunos imperceptibles, otros evidentes: los cambios ocurren todo el tiempo y a pesar de nosotros.

El tiempo corre, cambian los escenarios y los personajes que protagonizan nuestra historia, cambiamos nosotros por fuera y por dentro; la muerte se lleva a los entrañables anunciándonos que algún día seremos nosotros los que desapareceremos.

El 19 de febrero, Oliver Sacks publicó una carta (http://www.nytimes.com/2015/02/19/opinion/oliver-sacks-on-learning-he-has-terminal-cancer.html) en el New York Times para informarle al mundo que está muriéndose de cáncer en el hígado. El texto de Sacks es un tesoro; un instructivo involuntario sobre el sentido de la existencia, que responde las preguntas que ni las neurociencias ni la psicología han aclarado sobre el destino personal. Sacks se describe como un “hombre vehemente, de entusiasmos violentos y una extrema falta de moderación de todas sus pasiones”.

Vehemencia, entusiasmos violentos, pasiones inmoderadas: Antítesis de la corrección política, la moral, las buenas costumbres y las vidas equilibradas que proponen como aspiracionales algunas teorías psicológicas y también algunas filosofías orientales.

La carta de Sacks nos cimbra a todos, nos veamos cerca de la muerte o no. Sentirse intensamente vivos no suele ser uno de los objetivos que encabecen la lista de lo importante. Pero tal vez todos quisiéramos vivir con intensidad y emoción y dejar de perder el tiempo. Distinguir lo trascendente de lo irrelevante es una de las definiciones de sabiduría que subyace en la carta de Sacks.

Vivir como si no quedara tiempo para nada superficial, podría ser una forma de recuperar el objetivo y la pasión vital. Sólo quienes se atreven a saltar, los audaces, podrán tener la claridad, el foco y la perspectiva –en palabras de Sacks– para ajustar cuentas con el mundo.

El lugar que cada uno ocupa es irremplazable. Cuando alguien muere deja un agujero imposible de llenar, por lo que todos estamos llamados biológicamente a encontrar un camino propio para vivir y para morir.

No es lo mismo la rebelión de la libertad que el capricho. La primera surge de las convicciones del alma, que nos dicen si sabemos escuchar, hacia dónde nos debemos dirigir.

No hacen falta años de reflexión para tomar decisiones ni enfermedades terminales para aventurarse a vivir. Tampoco es indispensable hacer mapas de posibilidades infinitas para elegir un camino. La valentía implica saltar. Correr el riesgo, confiar en la información del corazón, sin garantías de felicidad total ni de ausencia de error o arrepentimiento. Y tener la entereza para abandonar las zonas seguras si dejaron de ser fuente de realización humana.

El salto no es invitación a la locura; puede ser pequeño o mortal, pero nunca permitírselo, significa la muerte de las ilusiones.

Hace unas semanas, un paciente dudaba de si tendría o no un motivo suficiente para venir a terapia. Su vida es tranquila, apacible, sin mayores emociones. Todo está en su lugar y aunque no es feliz, tampoco sufre. Al escucharse haciendo esta descripción de sí mismo, se dio cuenta de que su problema era no tener ningún problema; ser incapaz de aspirar a las cosas grandes o emocionantes; no tener preferencias intensas respecto de nada y ser tan adaptable, que la vida se le ha pasado sin mayores sobresaltos, pero también sin mayores satisfacciones.

La idea de homeostasis, de equilibrio, de balance, de ser razonable y dejar de lado los sentimientos; la idea de que nuestra animalidad es un peligro: todos son conceptos que proponen una vida uniforme, predecible, que no genere demasiada angustia a quienes la viven, pero no son equivalentes de salud emocional.

Si Sacks no se equivoca, la vocación irrenunciable es a ser único. Tener la vida que se haya elegido. Abandonar lo que no sea importante. Decidir que el miedo debería dejar de ser una motivación tan poderosa y entender el salto como una forma de vida, alejada de la mediocridad.

* Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

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