Columnista invitado

Salario mínimo: Dudas y preguntas que sí tienen respuestas

¿Por qué el jefe de Gobierno está empeñado en animar un debate y una propuesta sobre salarios mínimos, tema que no es competencia local sino claramente federal? ¿Por qué la propuesta de Miguel Ángel Mancera no se conduce –ortodoxa– dentro de los cauces institucionales, es decir a través de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos? ¿No está debatiendo frente a un espejismo? Porque en el México moderno ya nadie gana el salario mínimo.

¿Aumentos salariales por decreto? ¿Qué no saben los economistas del Gobierno del Distrito Federal, que meter mano en los precios distorsiona fuertemente el conjunto de la dinámica agregada? ¿Por qué no esperar los resultados venideros de las reformas estructurales para vincular el incremento de los salarios al crecimiento de la productividad?

¿Por qué no se reconoce el hecho de que la baja productividad determina a su vez a los bajos salarios? ¿Por qué no admiten que los aumentos significativos en los salarios mínimos acaban trasladándose al costo de los bienes generados? Parece tan obvio: la inflación se vuelve inevitable y se comerá el aumento inicial en el salario.

Pero los aumentos en el salario mínimo tienen otra consecuencia ineluctable: los empleadores desecharán empleados. Su alternativa será correr al trabajador o no contratar a alguien adicional. ¿Qué no está claro que aumentar los mínimos arriba de la inflación genera desempleo?

Más aún: los aumentos de los salarios mínimos provocarán una masiva simulación económica. El aumento ocurrirá sólo en el papel, porque las empresas estarán incentivadas a ofrecer trabajos informales (para evadir el pago) y eliminarán prestaciones. Así que, el problema más importante en el mercado laboral mexicano no es el salario, ni el salario mínimo: es la vasta informalidad, que no se ataca con subidas salariales en la base.

Estas son las principales objeciones que han aparecido en el debate público mexicano en los últimos meses, datadas desde el primero de mayo, fecha en que el jefe de Gobierno de la ciudad de México convocó a un debate nacional sobre el bajísimo nivel de los salarios mínimos.

Desde ese día, Mancera lo formuló así: "Queremos escuchar todas las voces, todos los intereses, todas las visiones y queremos comenzar una conversación pública respetuosa que se haga cargo de todos los argumentos y todas las objeciones legítimas".

En esas estamos: el GDF ha entrado en contacto con los más representativos organismos empresariales y sindicales; ha convocado a institutos de investigación y universidades de todo tipo; ha explicado su preocupación en todos los medios de comunicación, y con la academia (la UNAM y Cepal), impulsamos varios seminarios y espacios de discusión incluyendo un foro internacional que nos ayudó a comprender la experiencia del mundo y las nuevas contribuciones teóricas.

Como resultado de todo ese trabajo, a finales de este mismo mes, el jefe de Gobierno se ha comprometido a presentar un documento público en el que se formulará una propuesta de recuperación de los salarios mínimos en la capital y en todo el país.

Ese documento responderá a las objeciones que se reseñan más arriba, precisamente porque tomamos en serio a todas las expresiones que se han manifestado hasta hoy. Y será el instrumento técnico e intelectual, que el jefe de Gobierno entregará a la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, a la Conferencia Nacional de Gobernadores, al gobierno federal, a sus distintas agencias competentes y, por supuesto, al Congreso de la Unión. En otras palabras, se entregará a todas las instancias formales y constitucionales que puedan tomar en sus manos este tema central –pero olvidado– de nuestra política económica.

Por lo pronto, los salarios mínimos –el ingreso de los que menos pagan–ha vuelto a colocarse donde debe estar: en el centro de la preocupación pública. Y lo ha hecho mediante un ejercicio novedoso de deliberación, argumentación y persuasión.

Así, los salarios mínimos regresan al primer plano, construyendo y proponiendo públicamente un nuevo arreglo de la política económica en México. La iniciativa de Miguel Ángel Mancera vale la pena, también por eso.

Correo: economia@elfinanciero.com.mx

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