Opinión

Salir de la cama

     
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Depresión (Shutterstock)

No le gusta que sea así, pero el primer recuerdo que le viene a la cabeza cuando piensa en sus años de infancia es su madre acostada en la cama, en pijama y muchas veces llorando desconsolada. Ella no entendía bien qué le pasaba. Su padre intentó explicarle lo que era una depresión pero sus 8 años no le alcanzaron más que para estar muy enojada, sintiéndose una huérfana. Alguna vez desde su inocencia y también desde la rabia, le contó a sus vecinos que su madre era una muerta viviente. La historia se volvió leyenda entre los niños de la cuadra. Era un modo cruel pero efectivo para protegerse del dolor de tener un mamá enferma.

“Mi madre vivía en su cama. Debe ser por eso que no resisto levantarme tarde ni en días festivos. No me gusta estar en pijama y últimamente me he dado cuenta de que salto de la cama en cuanto despierto, como si estuviera aterrada de convertirme en mi madre. Siempre estoy activa, salgo a la calle a correr, llevo a los niños al colegio y me voy temprano a la oficina. La cama la uso para lo indispensable: dormir 4 o 5 horas diarias.”

Tuvo que hacerse el desayuno desde que entró a la primaria y también caminar sola a la escuela. Su padre salía de casa antes del amanecer y volvía muy tarde por la noche. Ella regresaba a la hora de la comida y muchas veces encontraba a su madre llorando y en cama. A veces intentaba consolarla pero la mayor parte del tiempo hacía lo que fuera para mantenerse a distancia.

“A veces me siento culpable por no haber estado más cerca de mi madre durante mis años de niña y también de adolescente; sin embargo, también sé que fue el único camino que encontré para no contagiarme de depresión. Hoy que soy madre de dos niños no me permito descansar y sé que estoy obsesionada por tener una familia alegre. Mis hijos me han visto llorar muchas veces pero creo que cuando sean adultos, me recordarán sonriente y llena de energía.”

Muchas personas luchan todos los días por salir de la cama. No me refiero al esfuerzo natural que requiere comenzar un día sino a una dificultad más allá de lo normal. Quienes padecen depresión escuchan una voz interna que les dice que no se levanten porque hará frío, porque la calle es cruel, porque el tráfico es insoportable, pero sobre todo, porque los demás notarán lo tristes que están y querrán alejarse. Una voz que puede contrarrestar a la de la derrota depresiva dice: “Sí, estoy deprimido pero de todos modos voy a salir”. La actividad es un antídoto potente para la depresión, no para curarla pero si para mitigarla un poco.
Esta lógica es la misma de muchos entrenamientos deportivos que sugieren dejar de pensar por las mañanas y desarrollar una conducta automática para presentarse a entrenar. El peor camino es quedarse en la cama pensando; pensar en la cocina tomando café, puede ser un poco mejor.
Tampoco hace falta dejar que un día se convierta en una montaña muy difícil de escalar como ocurre cuando todas las preocupaciones y problemas se acumulan en la cabeza.
Para salir de la cama es útil pensar en unidades pequeñas: ir a la regadera, vestirse, desayunar, salir de casa, manejar al trabajo o al gimnasio. No sirve pensar en los grandes retos de la vida. Para eso habrá tiempo después.

Tener un propósito es importante para levantarse de la cama. Si usted conoce a alguien que sufre de depresión y que además no tiene un trabajo o una actividad fija que lo obligue a levantarse, el panorama se vuelve mucho más complicado. Para salir de la oscuridad es importante tener algo qué hacer, desde un trabajo remunerado de medio tiempo hasta volverse voluntario en un asilo o en un hospital. O adoptar un perro o una causa ciudadana.

A veces ninguna estrategia es suficiente y será necesario pensar en una ayuda farmacológica y terapéutica temporal. La flojera no es lo mismo que la depresión aunque a veces pueden parecerse. Será muy difícil ayudarse o ayudar a alguien más sin un buen diagnóstico.


Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa.

Twitter: @valevillag

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