Opinión

Saíd Yalili, candidato atómico del líder supremo iraní


 
En la nutrida lista de candidatos a la presidencia de Irán para los comicios del 14 de junio, Saíd Yalili, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y representante en las negociaciones atómicas con la ONU y los aliados, destaca por su cercanía con el ayatola Alí Jamenei, heredero espiritual de Ruholá Jomeini, líder de la revolución chiita que transformó el equilibrio del poder en Oriente Medio y el Golfo Pérsico en 1979.
 
En la compleja estructura del poder en la República Islámica, Jamenei es el líder supremo y por tanto su palabra está por encima de los demás órganos del gobierno, ya sea el polémico presidente Mahmud Ahmedineyad, impedido legalmente para reelegirse por segunda ocasión consecutiva, el Majlis o Parlamento, la Asamblea de Expertos (asuntos religiosos) y los consejos de Guardianes (judicatura) y de Discernimiento (una especie de corte de arbitraje, que media en las disputas). Es por ello que el aspirante que disfruta de su apoyo, extensivo a los demás grupos conservadores, tiene buenas posibilidades de ser el ganador.
 
El problema de Yalili, sin embargo, es que como otros candidatos -Mohamed Kalibat, alcalde de Teherán, Alí Akbar Velayati, consejero de Jamenei y Haddad Adel, extitular del Parlamento- "no está haciendo campaña por el voto de la ciudadanía, sino por la aprobación de Jamenei y de los Guardias Revolucionarios (la unidad militar de elite)", señaló a Al-Monitor Alireza Nader, analista de la Corporación Rand de Estados Unidos, quien sostiene que los comicios del próximo mes 'serán los menos democráticos' desde que el sha Mohamed Reza Pahlevi, llamado El Gendarme del Pérsico por su alineamiento a Washington, fue derrocado.
 
En ese marco, Yalili, nacido en 1965 en Mashhad y veterano de la sangrienta guerra con Irak -Sadam Husein fue azuzado por EU para liquidar al nuevo régimen iraní-, donde perdió su pantorrilla derecha, carece de las cualidades populistas que dieron tanto éxito a Ahmedineyad, enfrentado desde hace tiempo con Jamenei. Al mando de las difíciles negociaciones con la Agencia Internacional de Energía Atómica, Washington y Bruselas desde 2007 en reemplazo de Alí Lariyani, quien un año después fue elegido a la dirección del Majlis con una agenda pragmática, ajena al radicalismo de Ahmedineyad y Jamenei, Yalili ha sabido navegar por encima de las pugnas facciosas y podría convertirse en un factor de unión para los conservadores.
 
Al igual que Lariyani, Yalili ha pasado con temple por algunas de las peores presiones para que Irán renuncie a su ambicioso proyecto nuclear, que en los últimos 10 años han blandido el mazo de un ataque del Pentágono o de Israel, lo que sumiría a toda la región en un conflicto. Por eso no sorprendió que este mes, luego de registrar su candidatura, se entrevistara en Estambul con Catherine Ashton, jefa de la diplomacia europea, para reiterar virtualmente que como mandatario aceleraría los planes de desarrollo de energía atómica con fines pacíficos.
 
Si bien en círculos de Teherán el abanderado tiene fama de ser un negociador poco eficaz, Suzanne Maloney, exanalista del Departamento de Estado y experta de la Institución Brookings, opinó que Yalili ha manejado con astucia el choque entre Jamenei y Ahmedineyad, sin ser forzado a escoger bando. Para los criticos, sus coincidencias con el ayatola son un fardo muy pesado, si se quiere llegar algún día a la normalización de relaciones con Occidente y la reforma del sistema interno. Aunque trabajó diez años en la cancillería y fue nombrado viceministro para Asuntos Europeos y Americanos, nunca fue enviado al extranjero, declinó un cargo en América Latina y no domina el inglés; su visión, dicen, es la misma de los años ochenta, basada en el apego a los valores religiosos, el aislacionismo y la resistencia ante el Gran Satán y la Entidad Sionista.
 
No obstante, Yalili está lejos de haber ganado la partida. El Consejo de Guardianes anunciará hoy la lista final de candidatos autorizados, en la que puede aparecer el expresidente Akbar Hashemi Rafsanyani, un viejo lobo de mar que se distingue por su centrismo y que podría, gradualmente, dar el golpe de timón que muchos iraníes demandan.