Opinión

¿Sabe alguien cómo defendernos de las gasolineras?

Bien sabemos que el debate sobre la reforma energética está por concluir. Desde abril se discute en el Senado y pronto serán 100 días en que los medios nos reportan todo tipo de argumentos a favor y en contra; los dolores de parto ya anuncian el advenimiento de lo nuevo. Han sudado la gota gorda.

Entre tanta discusión ya sabemos que la reforma nos beneficiará a todos, en el mediano plazo; en el corto luchamos contra los “sabadazos” donde cada mes tenemos que pagar más por la gasolina y por el gas. Nos han dicho que esa subida al Gólgota será todavía hasta diciembre. Ojalá. Y si bien hay que adecuar el ánimo y el bolsillo ante la estrategia financiera que esperamos dé resultado, ¿cómo preparamos el espíritu y contenemos la ira ante el crecido y constante abuso en los expendios de gasolina?

Es un hecho probado, frecuentemente documentado, el que un porcentaje altísimo de las gasolineras en el país nos venden litros que no lo son. Quien acude ante la bomba expendedora, se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad. Sabe que va a ser esquilmado. Llenar el tanque no sólo será más caro hoy que ayer en cuanto a precio del combustible; se le va a pasar una factura alterada: no es cierto que los litros solicitados estén completos; será menos lo que le sirvan y mucho más lo que tenga que pagar. Lo sabemos todos y ninguno entre nosotros puede hacer valer su derecho a ser respetado. En plena etapa reformista, cuando el país está empeñado en cambiar sus paradigmas, modificar sus estructuras y alcanzar otros niveles de productividad y de civilidad, en cada esquina o glorieta en que se encuentre el logotipo de Pemex, sabemos nos van a tomar el pelo y abusar de nuestro bolsillo.

Y ante tal certeza, no podemos hacer nada. ¿A quién recurrimos; con quién nos quejamos; dónde nos atenderán? Suponemos que ante la Profeco, pero ellos ya deben saber lo que pasa puesto que han sido numerosos los reportajes en prácticamente todos los diarios y los canales televisivos en los que se denuncian estos hechos vergonzosos. Han tenido tiempo de enterarse y sin embargo se continúa esquilmándonos.

Como individuos aislados, sin protección, abandonados a nuestra suerte, ¿qué podemos hacer?

Un amigo filósofo que no es aristotélico tomista ni kantiano y, sí por el contrario, muy práctico, me dice que compró un tambo metálico en el mercado de La Merced y el día de hoy se dirigirá a cualquier expendio a comprar gasolina en ese recipiente que marca con claridad la cantidad de cinco litros. Espera lo llenen a satisfacción para más tarde volcarlos en la panza de su automóvil. Si la cantidad no es la correcta, sólo pagará lo que indique su tambo metálico. La bronca está asegurada.

La otra solución será organizar una marcha-motín a manera y con las ecuaciones de la CNTE para desfilar por Reforma y vandalizar todo lo que se encuentre al paso.

¿La policía mostrará la misma comprensión o arremeterá contra ciudadanos hartos de verse robados en las gasolineras?

Sabemos la respuesta.