Opinión

Rusia está de vuelta: Berman


 
Dentro de su frivolidad y simplismo, el hecho de que Forbes seleccionara a Vladimir Putin como el hombre “más poderoso del mundo” en 2013 sólo es un reflejo más del extraordinario fortalecimiento por el que atraviesa Rusia, cuyos bonos se dispararon en la arena global con el acuerdo que el presidente del gigante euroasiático arrancó a Barack Obama en octubre, evitando un ataque del Pentágono a Siria.
 
De la mano de Putin, la Federación Rusa parece dejar atrás los aciagos días de Boris Yeltsin, cuando Washington pudo considerarse la súper potencia unilateral. Su economía, aunque todavía dependiente del petróleo y el gas, crece y se diversifica, mientras se extiende la clase media. Sin embargo, no todo es ideal: nadie podría negar el autoritarismo del Kremlin, la corrupción que plaga a la burocracia y la inequidad social, que a 22 años del fin de la Unión Soviética es la mayor del mundo, según el Reporte sobre la Riqueza Global de Crédit Suisse.
 
 
El banco helvético asienta: 94 por ciento de la población adulta (en total 143 millones) posee menos de 10 mil dólares, al tiempo que el uno por ciento más afortunado (1.43 millones) controla 71 por ciento de la riqueza. Entre ellos se cuenta el propio Putin, cuyo tesoro personal se calcula, astronómico, entre 40 mil y 70 mil millones de dólares.
 
 
Reseña
 
Para abordar el tema, Ilan Berman, vicepresidente del Consejo Estadounidense de Política Exterior y especialista en Rusia, acaba de publicar en Regnery Publishing el libro The end of Russia and what it means for America, en el que señala que pese a problemas como el abrupto descenso demográfico, que en 2012 empezó a revertirse de manera débil, “el futuro del país luce comparativamente brillante. Mientras que la década que siguió al colapso de la Unión Soviética vio a una Rusia que fue humillada, en los últimos doce años ha regresado al escenario internacional bajo la guía de Putin”.
 
 
Hay mucho que discutir al respecto, considerando otros grandes problemas como la “epidemia” de sida, la adicción a las drogas y los deficientes servicios médicos. En su reseña del libro, sin embargo, Spengler coincide en Asia Times con Berman y agrega que posiblemente Moscú no regresará a la posición que disfrutaba en 1980 como el “imperio del mal”. No obstante, sería peligroso para Estados Unidos hacer planes a partir de su presunta debacle interna, pues Rusia, dice, “seguirá siendo una fuerza en el futuro inmediato”.