Opinión

Rumbo al pasado

   
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China

El próximo miércoles inicia el 19 Congreso Nacional del Partido Comunista Chino. Estos congresos ocurren una vez cada cinco años y, en los últimos, en el número par ocurre el ascenso al poder del nuevo presidente (que dura en su cargo diez años), y en el non se prepara su relevo, como sería en el caso actual. Así ocurrió con los últimos dos presidentes: Jiang Zemin (1993-2003) y Hu Jintao (2003-2013). En cada Congreso suele haber cambios tanto en el Politburó como en el Comité Permanente, los órganos más importantes de gobierno en ese país, el primero con 25 integrantes y el segundo con siete.

Pero ahora parece que las cosas pueden ser diferentes. Xi Jinping ha acumulado más poder que cualquiera de sus predecesores, en parte alcanzando más rápido diversos cargos (presidente, secretario general del partido, presidente de las fuerzas armadas, etcétara), y en parte mediante la campaña contra la corrupción que le ha permitido deshacerse de sus adversarios.

Por poner un ejemplo, hace cinco años uno de los más fuertes candidatos a incorporarse al Comité Permanente era Bo Xilai, gobernante en Chongqing y adversario de Xi. A inicios de 2012, sin embargo, surgieron versiones de la muerte de un ciudadano británico en un hotel de la región. En la investigación se destapó una red de corrupción alrededor de Bo y su esposa. No sólo no llegó al Comité Permanente, sino que su detención permitió expulsar del Comité a Zhou Yongkang, responsable de las fuerzas de seguridad del país, lo que le facilitó a Xi el rápido control del aparato político chino.

En esta ocasión, si se respeta la tradición de que los mayores de 65 años renuncien al Comité Permanente, cinco de sus siete miembros tendrían que dejarlo. Sólo Xi y el actual primer ministro, Li Keqiang, podrían quedarse. La renovación casi total de este órgano, bajo el control prácticamente absoluto que hoy tiene Xi, abona a la idea de que podríamos estar al borde del abandono del sistema de las últimas décadas. Hay incluso rumores de que este órgano podría desaparecer.

Ayer mismo, el Wall Street Journal notaba que el gobierno chino está presionando para hacerse de una parte del capital de empresas como Tencent, Weibo y Alibaba. De la primera no hay nada parecido en Occidente (habría que sumar Google, NBC, AT&T y otro poco). La segunda es equivalente a Twitter, y la tercera a Amazon. El gobierno chino parece haber decidido que una parte de esos negocios debe ser suya. Los argumentos son simples: luchar contra la corrupción (incluyendo el daño que internet hace a la moral de los jóvenes), fortalecer a la patria frente a Occidente y el control del gobierno sobre la economía.

Si usted percibe similitudes con la manera como Putin ha gobernado Rusia, o con la manera en que los monarcas lo hacían en Europa hace unos pocos siglos, creo que no está equivocado. Cualquiera que acumulaba riquezas se convertía en una 'amenaza a la Corona' y era rápidamente subordinado o, en caso de resistencia, liquidado. Por esa razón, las economías jamás lograban salir de un nivel de subsistencia. Fue lo mismo que ocurrió en los países comunistas, hasta que China decidió cambiar las cosas. Se atribuye a Deng Xiaoping, el gran transformador, la frase “hacerse rico es glorioso”. Bueno, parece que ya no tanto.

Es curioso que la cuarta ronda de negociación del TLCAN se haya extendido hasta el martes. Tal vez para quedar más cerca del inicio del Congreso y hacer más parecidos los estilos de los mandatarios de Estados Unidos y China. Pero hasta entre autoritarios hay clases.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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