Opinión

Rumbo a 2016

 
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Billetes de cien, doscientos y quinientos pesos. (Arturo Monroy)

Faltan tres semanas para las elecciones que determinarán quiénes gobernarán los próximos seis años en nueve entidades federativas, pronto habrá resultados electorales, pero poco se sabe de sus propuestas de gobierno, no las han confrontado –si las tienen–, ya que en general los debates celebrados han sido ambiguos.

Hoy son tiempos de campañas políticas, y nadie ha destacado su proyecto fiscal; sin embargo se comprometen y prometen hacer obras importantes, no dicen por supuesto cómo hacerlas, menos cómo las van a financiar, apuestan mucho a su capacidad de gestión.

Está bien, eso ayuda por supuesto, pero no es suficiente. 2016 será presupuestalmente un año difícil para todos, por ello resultaría interesante saber qué política tributaria y de gasto público piensan seguir, en caso de ganar. Si seguirán sin tenencia o con tenencia con grandes subsidios, si pagarán sus impuestos, si entregarán con oportunidad las participaciones a los municipios, si cumplirán con las normas establecidas para el ejercicio del gasto federalizado, si ya no pagarán a comisionados de los sindicatos, si tienen pensado crear un sistema de administración tributaria local, etcétera.

Es claro que las promesas de campaña sólo plantean más gasto y menos impuestos. Cuando en Uruguay el candidato del Frente Amplio prometió introducir el Impuesto sobre la Renta perdió; en su segunda oportunidad no lo mencionó y ganó.

Este año se van nueve gobernadores y en 2016 otros 16. Creo que las experiencias respecto a las consecuencias de no haber actuado con pulcritud y eficiencia en el manejo del gasto, incluso en el cobro de los impuestos, o en los actos de colaboración administrativa –recordemos el escandalito por lo de Sonora–, ya tienen que haber permeado.

Después del 7 de junio deberán ponerse a trabajar en sus proyectos y programas de gobierno, y antes de hablar de gasto deberán tener claridad sobre sus ingresos y el manejo de la deuda pública, particularmente en 2016, segundo año de la nueva crisis.

Anécdotas: en una ocasión, un futuro secretario de Desarrollo Económico me comentó que el gobernador electo la quería partir a la mitad. Tuve la oportunidad de preguntarle por qué quería hacer eso y me contestó: ¿entonces qué le doy a mi otro cuate?

Hoy que ya muchos exsecretarios de Finanzas han pisado la cárcel, hay dos casos de la falta de conciencia de la responsabilidad que significa manejar los recursos públicos. Uno, el secretario de Finanzas de otra entidad federativa me dice que él firma “lo que diga el gobernador”. Otro tiene entre sus méritos haber sido compañero desde kínder del señor gobernador, recordemos la historia del “señor de la bolsita”, de El Emperador de Kapuscinski.

Ya no puede ser así. Si efectivamente aspiramos a que la centralización sea cosa del pasado, debemos tener en los estados gobiernos y funcionarios responsables, preparados y honrados. La falta de preparación es un caldo de cultivo excelente para la opacidad.

En algún momento, en un estado colindante con el Golfo de México llegó un nuevo secretario de Finanzas, sin experiencia en el cargo. Las participaciones se pagan con un anticipo, cuando se liquidan las cifras definitivas, a los 47 días se tiene que compensar, si es a favor de la entidad el gobierno federal les deposita la diferencia, pero si es a cargo tienen que devolver los recursos recibidos, que equivalen a un préstamo sin intereses. Si no lo hace la Tesofe se los descuenta de su siguiente pago de participaciones, lo que le pasó a ese nuevo funcionario. Me llama para preguntarme por qué le descontaron sus participaciones. Me dijo que no conocía la ley porque era nuevo, pero le dije que sus colaboradores sí sabían. Su respuesta: “no, tampoco sabían, porque los corrí a todos”.

Twitter: @davidcparamo

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