Opinión

Rosario, para preocuparse

El lunes pasado, cuando ya tenía encima la polémica por sus declaraciones en El Nayar Oportunidades y el máximo ideal de embarazos, Rosario Robles llegó a declarar “que es una nota sacada de contexto” (entrevista de radio con Denise Maerker ese día). Es decir, por nerviosismo o por desapego de la realidad, la secretaria no entendía que sus palabras la estaban hundiendo.

Las horas pasaron y lejos de amainar, la tormenta en torno a la titular de Desarrollo Social crecía. El miércoles por la tarde, exactamente una semana después de la visita al Nayar, la Sedesol distribuyó el mea culpa que la secretaria debió haber publicado, cuando menos desde el sábado, cuando La Jornada ya traía en portada críticas de ONG’s a las palabras de la exjefa de gobierno.

Robles tiene un problema triple. Lo que quiso decir (gracias Rubén Aguilar por la frase) es cierto y grave, pero lo dijo de manera equivocada, y la polémica que se generó es lo que menos necesitaba un gobierno que lleva semanas acumulando cuestionamientos en los frentes de la inseguridad y la economía.

Rosario desperdició una oportunidad para llamar la atención de la sociedad en torno al reto que representa para México la tendencia al alza del embarazo en adolescentes. (Aquí más información sobre ello)

Pero el problema no es sólo el tono de tutelaje empleado por la secretaria ante mujeres pobrísimas, sino que hay que preguntarse si le toca a ella abanderar eso, si no debería ser un esfuerzo conjunto con las secretarías de Salud y Gobernación, o incluso una política impulsada directamente por Peña Nieto. Y por supuesto, no es un tema que deba abordarse en forma tal que parezca que los apoyos que da el gobierno federal a los más pobres se condicionan a tener menos hijos, como en efecto se desprende de lo dicho por Robles en Nayarit el 30 de abril.

En un gabinete que en el que sólo lucen (es un decir) dos secretarios de Estado, Rosario Robles no ha podido despegar como una figura del Peñanietismo. Su programa estrella –la Cruzada Nacional contra el Hambre-- no convence a los especialistas y mediáticamente está muy lejos de ser Solidaridad.

Hasta hoy, Rosario es la secretaria sostenida por Peña Nieto. A punto de cumplirse la cuarta parte del sexenio, la experredista ha destacado por dos polémicas: la primera, circunstancial para ella pues fue el presidente el que la embarcó con aquello de No te preocupes, Rosario, tras el videoescándalo de Veracruz. Y por esta, surgida en El Nayar, autogol en el cual sorprende cómo se fue enrendando día con día.

Titular de un puesto que debería traer puras buenas noticias para la administración --ser la cara amable del gobierno, pues--, Rosario se enredó en su lengua, pero sobre todo se complicó la vida por la falta de ayuda de su equipo, que no la hizo admitir su error en pocas horas, y de la soledad en la que la dejaron. Nadie la secundó en el gobierno advirtiendo lo que sí era el tema: la gravedad de la crisis del embarazo adolescente. Robles tropezó y cayó sola. Para preocuparse.