Se Cimbró México
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Se Cimbró México

28/09/2017
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sismo
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La secuelas de los sismos aún están por mostrar sus rostros. Habrá cambios profundos en la sociedad, la política y la economía del país. Apenas se perfilan pero ya marcan ruta. Hay dos hechos importantes: el agotamiento del sistema político y la presencia de los millennials. Me tranquiliza que estamos en buenas manos. El relevo generacional se hizo presente en los jóvenes voluntarios que sin demora acudieron masivamente a ayudar en el rescate y el apoyo a damnificados.

Fueron miles, salieron de su aparente apatía, dejaron de lado sus selfies, y se aprestaron a servir en cualquier punto, en toda tarea, con gran entusiasmo, rápidamente se organizaron, sin mediar más que algunas orientaciones de autoridades, a veces sin ellas. No esperaron que el tiempo los rebasara, la solidaridad se impuso y se extendió para sorprender al mundo. Los diarios internacionales pasaron de cubrir el sismo a destacar lo que les resultó impactante: la capacidad de un pueblo para sobreponerse a la adversidad.

Conoceremos muchas más historias, desde Eduardo en su silla de ruedas, la rescatista canina Frida, el llanto del soldado, pero aún no sabemos con precisión cuántos resultaron afectados, cuántas escuelas, hospitales o casas debemos reconstruir, cuánto dinero necesitaremos, cuánto tiempo nos llevará, cómo sanaremos los traumas. Esa historia apenas comienza. Espero los jóvenes sigan presentes.

El enojo contra políticos no se hizo esperar. En redes surgió la demanda de que los partidos regresaran sus fondos para la reconstrucción. Si bien este rubro no es representativo en el Presupuesto, lo que está atrás es el hartazgo. Corrupción e impunidad lastiman, se han acrecentado, o por lo menos, se han hecho más públicos en redes sociales.

El viejo sistema político presidencial dejó de funcionar al perder mayorías en el Congreso. Gobernar bajo nuevas reglas implicaron acuerdos, lo cual dejó impunes a muchos. Se rompieron los equilibrios y al no funcionar contrapesos a la actuación de los políticos, en especial de los Gobernadores, que ya no podían ser removidos, acrecentó el saqueo.

Los ciudadanos están hartos de que las instituciones no funcionen adecuadamente, se sienten solos y traicionados. Frente a los recursos anunciados para las elecciones de 2018 respondieron con indignación y furia. AMLO fue el primero que ofreció donar un 20% -está prohibido el desvío de recursos electorales-, pero fue el PRI el primero en regresar los recursos de 2017 y poner en la mesa: regresar los fondos, acabar con el financiamiento público y reducir los plurinominales.

AMLO propone hacer su propio Fideicomiso, pues todos son corruptos, excepto él, que ha vivido del financiamiento público; y así decidir cómo y a quienes apoyará, lo que se presta a clientelismo. PAN-PRD-MC proponen acabar con el financiamiento a campañas y reasignar partidas.

Tema medular es ¿que clase de sistema de partidos políticos queremos? Si ya no se financian con recursos públicos, entonces ¿quiénes y cuánto pueden aportar particulares, empresas, militantes, simpatizantes, asociaciones? ¿Cómo transparentar aportaciones? ¿Quién supervisará? ¿Cómo se reglamentará ingreso y gasto? Si bien la ley electoral prohíbe cambios una vez iniciado el proceso, nada impide que los partidos renuncien a sus prerrogativas en 2018, reporten ingresos y gastos.

Es un tema que surge en esta coyuntura pero cuya resolución implica un cambio del sistema político mexicano. Empatar gobernabilidad y democracia parece un gran reto, pero la respuesta de la gobernanza es adecuada. Se debe incorporar la participación ciudadana en las definiciones de programas y acciones de gobierno. Sin ésta, las instituciones no van a responder a las necesidades de las personas, que son quienes le dan sentido a la democracia.

Un sistema político que garantice la participación sin intermediación ayudará a desterrar corrupción, clientelismo, a mejorar eficacia y eficiencia. Rediseñar nuestro sistema político es reto inaplazable. Construir mayorías han sugerido algunos, lo cual aporta estabilidad, pero arreglos cupulares no trascienden hacia la población. Es momento de reconstruir a la nación y sus instituciones sobre nuevas bases y con los jóvenes. ¿Podremos lograrlo? Los partidos deciden, presionemos. 

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.