Ricardo Guerra
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Ricardo Guerra

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Ricardo Guerra

13/09/2018

Se estrenó la película Los Adioses que pretende ser una biografía de Rosario Castellanos enfocada en su relación con Ricardo Guerra, su esposo. La cinta busca una reivindicación del feminismo y no implicó una investigación seria sobre la relación compleja entre estos dos personajes o sobre otros aspectos de la vida de esta gran mujer. Ciertamente retoma sus escritos para elaborar una narrativa sobre su vida.

Ricardo Guerra fue ante todo un hombre inteligente, no tocaba el piano como lo presenta la cinta, no utilizaba lenguaje soez o vulgar, como se le caracteriza, dudo que exigiera a Rosario dejar su profesión por cuidar al hijo, porque la admiraba mucho en el plano intelectual. La fidelidad no fue algo que se le diera al “güero” Guerra como le llamamos en la familia, pero tampoco lo fue para muchos de mis parientes con varios matrimonios en su haber. La cinta no narra que Ricardo tenía ya dos hijos con Lilia Carrillo, famosa pintora abstracta, quien lo abandonó por Manuel Felguérez, otro talentoso pintor. Ricardo y Pablo convivieron mucho con Rosario, tema que tampoco aborda la película.

La vida siempre es un misterio. Tras el divorcio, Rosario Castellanos fue embajadora en Israel, donde falleció inesperadamente, mientras Gabriel, su hijo, pasaba el verano en México con su padre. Fue muy doloroso que partiera tan joven una mujer que aún tenía tanto por aportar. Lo difícil es que un mes después falleció también Lilia Carrillo, con lo cual Ricardo quedó a cargo de tres hijos. Como todo padre hizo lo mejor que pudo, ellos juzgarán su papel. Ricardo tuvo trece hermanos, todos ellos destacados y solidarios, que de distinta forma, le ayudaron en la crianza de sus hijos. Las fiestas familiares eran como mitin porque todos tenían ideas propias y estaban activos en diversos frentes. Tiempo después se casó con Adriana Yáñez, hija de su amiga, Maruxa Vilalta y tuvo a Adrián. Con ellos pasó sus últimos días.

Ricardo Guerra se caracterizaba por un agudo sentido del humor, que a veces no todos festejaban. Pero fue muy estimado en los círculos intelectuales de su época y tuvo incontables amigos también muy destacados, que para no omitir, eludo la lista. Se enfocó en la vida académica, más que a publicaciones. Sus alumnos lo estimaron mucho y una de las aulas de la Facultad lleva su nombre. Divertido, con mil anécdotas, siempre alegre, en su casa de Cuernavaca, donde vivió por afecciones cardíacas, reunía a muchos intelectuales y a veces jugaba, sin tablero, ajedrez mental.

Doctor en Filosofía, especialista en Hegel y Heidegger, dirigió la Facultad de Filosofía de la UNAM donde creó los Centros de Investigación de Posgrado; fundó la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de Guanajuato; fundó y dirigió el Instituto de Cultura del estado de Morelos; así como el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades, en la misma entidad. Talento le caracterizaba.

Fue postulado en terna para ocupar la rectoría de la UNAM en tres ocasiones, lo que se prestaba a broma entre directores de facultades, sus amigos. Impulsó la fundación de la Facultad de Psicología de la UNAM, al separarla de Filosofía. Fue nombrado embajador en Alemania. Hablaba siete idiomas latín, griego, francés, alemán, ingles, italiano y portugués, y en todos era divertido. Su recuerdo perdura entre amigos y parientes porque siempre fue generoso.

Sin duda fue lamentable que Ricardo y Rosario no lograsen un buen matrimonio, ambos lo merecían, así sucede. Pero contrariamente a lo que relata la cinta, ni Rosario fue sumisa, ni Ricardo un engendro machista. El mundo de la vida intelectual de la época era ciertamente reducido. El divorcio creó filias y fobias que perduran. Pero a mí no me toca juzgar. Y por eso evoco hoy al hombre que fue el tío Ricardo, que trascendió su época, formó generaciones y colaboró a engrandecer a nuestra querida UNAM.

Todo relato siempre narra una parte de la historia, por eso es importante hablar también de lo que se calla. Soy feminista. Llevó el mismo nombre que la gran poeta, por otras razones, también familiares. He leído toda su obra, incluidas las desgarradoras Cartas a Ricardo, que relatan el sufrimiento por una difícil relación. La admiro y respeto mucho. Como también a Ricardo Guerra. Ambos fueron seres humanos excepcionales.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.