Opinión

Rompiendo el hielo, venciendo la inercia; iniciando un ejercicio de planeación


 
1
 

 

Plan

Con frecuencia me preguntan cómo empezar y cuáles son los pasos para hacer un ejercicio de planeación estratégica. La verdad es que, como en muchas actividades, lo importante es iniciar y, una vez ya roto el hielo o vencida la inercia, avanzar con soltura. Sin embargo, existen cuatro pasos que pueden ayudarte a comenzar con este proceso:

1. Identificar nuestras competencias. Enlistemos en qué somos buenos o en qué destaca nuestra organización. A veces vale la pena preguntarle a un tercero para que nos diga en qué nos ve capaces y en qué se nota nuestra pericia. Hagamos también un inventario de nuestros recursos más valiosos: los más envidiables o los difíciles de obtener.

2. Y luego, en contraste, identifiquemos nuestras limitaciones. En qué somos débiles, qué es lo que no nos sale bien. Es obvio que estos dos ejercicios habrá que hacerlos cara al sector en el que estamos, de otra manera las competencias (fuerzas) y limitaciones (debilidades) con respecto a nuestro sector serían infinitos. Para este análisis es importante ser humilde, entendiendo por humildad la objetividad con uno mismo, reconociendo nuestras capacidades y defectos. “Nadie es capaz de todo ni incapaz de nada”, decía el Dr. Carlos Llano.

3. Señalemos las oportunidades. Esos hechos del entorno de nuestro sector que podríamos aprovechar con nuestras competencias o, ¿por qué no? desarrollando o adquiriendo capacidades. Se trata de identificar buenas oportunidades. Habrá algunas que no son aparentes y que, para identificarlas, hay que ver hacia adelante (el futuro) y hacia fuera (otros mercados), percibiendo tendencias y modas.

4. Además habrá que identificar amenazas, aquellos hechos que representan un riesgo para nuestro bienestar o supervivencia.
Se trata de un proceso interactivo, es decir, no hay oportunidades si no se tienen competencias para aprovecharlas. De hecho, a veces, el resultado de este “ejercicio de interactividad”, que consiste en enfrentar a oportunidades y amenazas con las competencias y limitaciones de la organización, puede ser la base para un plan para desarrollar o adquirir capacidades que nos permitan aprovechar esas oportunidades.

Al seguir estos cuatro pasos no habremos hecho otra cosa que seguir el viejo método del análisis FODA, por sus siglas: Fuerzas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas. Estas cuatro categorías se conocen también como indicadores, pues nos indican hacía dónde debe de ir la estrategia.

A continuación, prioricemos las oportunidades. Tratemos de encontrar las tres más atractivas e importantes y establezcamos estrategias para poderlas aprovechar. Recordemos que cada estrategia deberá tener al menos tres elementos claramente definidos:

• Un Objetivo a alcanzar, de preferencia cuantificable (el “qué”).
• Un Plan de Acción para lograr dicho objetivo (el “cómo”).
• Una Lista de las capacidades y recursos necesarios para llevar a cabo el plan de acción (el “con qué”).

Adicionalmente, podemos (aunque no son tan esenciales como los tres señalados) adjuntar el responsable de que se cumpla (el “quién”), el plazo para que se lleve a cabo (el “cuándo”), y un plan alternativo por si las cosas no salen (el famoso “plan B”).

Ya se ve que al ir estableciendo las estrategias nos encontraremos con decisiones de “hacer o no hacer” (los famosos “trade-offs”), donde tendremos que decidir el mejor curso de acción, sin perder el enfoque y sin olvidar que, a veces, como afirma el gurú del management, Michael Porter (y dicen que también lo señalaba Steve Jobs), la estrategia se puede definir como: “Decidir qué es lo que NO hay que hacer”. Es curioso cómo a veces las estrategias diseñadas servirán no sólo para aprovechar una oportunidad, sino dos o tres.

Las ventajas de hacer este ejercicio, adicional a la de tener una estrategia, es que habremos hecho un recorrido de lo que hay que hacer, aunque sea en la mente, y este recorrido nos permitirá desplazarnos mejor cuando hagamos el recorrido en la realidad.

Se trata de un ejercicio que no se diferencia mucho de la planeación cuidadosa de un viaje por carretera. Se tienen competencias, recursos (tiempo, dinero, auto), deseos y oportunidades y se ponen en juego para planear el recorrido.

Se busca información de lo que se verá, puntos de interés, hoteles y quizá restaurantes y hasta gasolineras. Al final, quizá el viaje no salga exactamente como fue planeado, pero el planearlo sin duda ayuda a que salga muy bien.

Así que planear puede ser un buen ejercicio y además reporta grandes beneficios, es cuestión de empezar….


Correo: cruiz@ipade.mx

También te puede interesar:
El arte de escuchar según Erich Fromm
Las 5 prioridades de liderazgo para 2017 según Klaus Schwab
​¡Actúa como piensas...!, o acabarás pensando como actúas