Tiempos nublados, como lo dijo el poeta: érase una vez un debate
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Tiempos nublados, como lo dijo el poeta: érase una vez un debate

COMPARTIR

···

Tiempos nublados, como lo dijo el poeta: érase una vez un debate

14/06/2018

“Las nubes en el horizonte se oscurecen cada día más”, reiteró la señora Lagarde al reflexionar sobre la Cumbre del G7 y su frustrante y frustrado desenlace. Por su parte, el director de la Organización Mundial de Comercio, el brasileño Roberto Azevedo advirtió: “debemos detener la escalada de tensiones. Una política de ojo por ojo no ayudará a nadie”.

Podríamos agregar que, en realidad, una política como esa nos enceguecerá a todos o, por lo menos, a los que se acerquen a ese circo de tres pistas en que se han convertido la economía mundial y su entramado institucional.

También desde Berlín, la orgullosa capital de Mitteleuropa donde buscan refugio los timoneles de un orden erosionado y horadado por una recuperación frágil y unos acuerdos evanescentes, la señora Merkel hace un llamado de alerta: “La UE será triturada, pulverizada en un mundo donde hay polos muy fuertes, por ello debe ser un polo unido” (El Financiero, 12/06/18, pp. 1, 4, 55).

El mundo y nosotros con él, estamos en peligro. Los dichos y los hechos de Trump y su banda remiten a las viejas películas de entreguerras, o a algunos personajes del gran Woody Allen, como “Zelig” o “Fuera de foco” de otra de sus inolvidables cintas. Bannon desembarca en Europa para aconsejar a sus congéneres de la nueva extrema derecha y anuncia la constitución de una internacional nacionalista, mientras que el embajador estadounidense en Alemania advierte a las compañías germanas de la ruptura del pacto nuclear en Irán y la prohibición de negociar con el gobierno iraní.

Más que de populismo y nacionalismo, nos dice la señora Madeleine Albright, hay que hablar de fascismo, nunca tan cerca como ahora después de los años aciagos del Tercer Reich.

Sí, el mundo en peligro y nosotros, por mal que nos pese, al lado del epicentro de tanta real o aún figurada destrucción: del comercio y la empresa, del consumo y las instituciones encargadas de un orden concebido para evitar que “aquello”, la Gran Depresión, los fascismos y sus apóstoles, volvieran a la carga.

La ironía más cruel de esta ominosa saga: que precisamente sea el gobierno norteamericano, el principal protagonista de aquella construcción institucional tan ambiciosa, el que encabece esta amenaza y busque revivir aquellos años de persecución de judíos, comunistas y gitanos que llevarían a la patria de Goethe a perpetrar el Holocausto.

¿Y nosotros? Hoy y aquí, la historia no retorna como farsa sino como distopía. Envueltos en una disputa pueril por el segundo lugar o cayendo en el insulto y la descalificación del puntero, haciéndola de aprendices de brujo disfrazados de analistas y psiquiatras. Un panista denuncia ante la PGR a su candidato y éste al presidente Peña. Todos contra todos en grotesco contrapunto.

Después del tercer encuentro nos encontramos envueltos en la fuga hacia delante más elemental de las muchas en que en el pasado hemos incurrido; una que nos lleva a olvidar las lecciones de la historia –que ni por costosas hemos aprendido- y que no cejan en decirnos que más allá de nuestros empeños por concertar buenos pactos afuera, lo que hoy se impone es un cabal reconocimiento de lo que nos falló y nos falta en esta ya larga marcha hacia la globalización. Vía que no resultó ni perfecta ni eficiente como se divulgó en su arranque.

Contemplar al mundo es indispensable para estar en él, pero ahora urge centrar la mirada en nuestras capacidades creadas o sobrevivientes, así como en las omisiones y excesos cometidos cuando presas de un iluso optimismo repetíamos las jaculatorias de la señora Thatcher y el presidente Reagan, sobre la magia del mercado o, por pura puntada, la desaparición de la política industrial, el desprecio por la educación y la investigación científica y tecnológica, el descuido sistemático del entorno natural y humano. En fin, el descuido de la casa, al olvidarnos de las raíces griegas de la economía y la ecología que nos hablan de cuidarla y entenderla para mejor administrarla.

Del mundo bravo y hostil hay que hablar para no perdernos en sus socavones y laberintos. Claro, si de lo que se trata es de hablar y discutir sobre la economía xy el desarrollo. Por lo visto en el tercer debate, se trataba de otra cosa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.