La recuperación vista desde abajo
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La recuperación vista desde abajo

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La recuperación vista desde abajo

21/12/2017
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economía
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Con anuncios un tanto lúgubres sobre la influencia de la política y el crimen sobre la economía se cierra el año y empieza a abrirse el próximo. Las elecciones o Mr. Trump y su intemperancia agresiva, o el ascenso imparable a la montaña de las víctimas de la criminalidad o el abuso de poder, o todos ellos en magna y cruel conspiración, pueden desembocar en una crisis que nadie dice querer, pero muchos se han dado a invocar sin hacerse cargo un ápice de sus implicaciones.

Lo cierto es que la historia reciente de la economía y su conducción por parte del gobierno puede leerse como una acumulación de omisiones y excesos, en lo monetario y fiscal que, al darse la mano con la al parecer imparable concentración de privilegios en la cúspide y ensanchamiento de la población pobre y/o vulnerable, conforman un escenario no sólo nebuloso sino ominoso por su nefasta combinación de fuerzas disruptivas de grueso calibre. Al conjurarlas el grupo gobernante, con su curiosa forma de resolver el acertijo de la sucesión presidencial, se ha abierto un horizonte abrumado por sensaciones de peligro, fintas de fuga de capitales y extrañas convocatorias y alianzas que poco tienen que ver con la política, no al menos como la que el país debería reclamar al tomar nota de la situación en que vive.

Nada de esto, sin embargo, ha sucedido ni se ha infiltrado en la lluvia de proclamas, spots, especulaciones mil, que han rodeado los primeros episodios de una sucesión presidencial que involucra en realidad a todos los poderes de la Unión. Los intercambios de ocurrencias o salidas de tono, aderezados con revires de banqueta o entrevista radiofónica, se han apoderado del proscenio y sólo nos queda esperar que al arrancar 2018 los equipos y sus hechiceros de la imagen y el sentido se hayan dado cuenta de que en vez de acercarlos a las bases o cinturas de la pirámide social, tales prácticas de arranque los alejan sin que en las cumbres del poder conciten el mínimo entusiasmo.

La política sigue su autodestructivo curso al vacío, mientras las cosas en el mundo cambian tanto para la economía como para la política y los Estados. Y nosotros en medio del oleaje, a golpe de remo como dice la inolvidable canción, pero sin siquiera imaginar que al despuntar el alba vayamos a avistar un generoso embarcadero.

Por lo pronto, los especialistas que mes a mes consulta Banxico aumentaron su expectativa inflacionaria, que cerraría el año con un 6.56%, superior al que esperaban apenas ayer, en noviembre, que sería de 6.49. Para 2018, sus predicciones parecen dispuestas a acompañar las profecías del Dr., Carstens, pero en diciembre son superiores a las de noviembre: 3.96% vs 3.91% respectivamente.

Para el crecimiento del PIB, los expertos esperan un cierre de 2.11% y para 2018 uno superior de 2.24, con todo, inferior al que pronosticaron este noviembre, de 2.28. No son simples especulaciones, pero todos estos adelantos parecen seguir prendidos de alfileres, a la espera de que algún aprendiz de brujo busque lucirse y los desprenda.

En bajo contraste, pero contraste al fin, la CEPAL nos informa que este año la economía mundial habrá crecido 2.9% y en 2018 lo haría al 3.0%, “aunque en un contexto de bajo dinamismo en el mediano plazo”.

Las llamadas economías emergentes crecerían 4.5% y 4.8% en 2017 y 2018, pero China lo haría al 6.8 y al 6.5% respectivamente, mientras que India crecería a tasas superiores: 6.7 y 7.2% respectivamente.
La economía del mundo se recupera y da unas primeras muestras de que este repunte es sincronizado. Las volatilidades amenguan y las disparidades entre y dentro de los países se mantienen, pero la desigualdad dentro de las naciones se encanija, cuando no aumenta sin pudor alguno.

Nuestros saldos no deberían llevar a nadie, ni siquiera a uno de sus principales encomenderos, ahora aspirante a presidir la República, al regodeo sino a la preocupación y a hacerse las preguntas pertinentes no para los votos sino para lo que sigue, que algunos todavía llaman gobernar. Con un crecimiento tan lento como el nuestro, unas centésimas de más en la inflación sí hacen la diferencia en los niveles de vida y sueños de bienestar de la mayoría trabajadora, acosada por la precariedad y el mal pago. Y el más que rápido crecimiento de los precios de sus canastas básicas.

Desde abajo en este lúgubre hit parade del mundo, las recuperaciones consignadas deben verse con aliento pero sin auto engaños. Debía ser ésta la hora de virar y buscar otros enfoques que ofrezcan crecimiento mayor pero con equidad, y democracia pero con igualdad.

Unos binomios de los que se han alejado los partidos y sus cabezas precisamente cuando más debían resonar en mentes y almas. Las suyas y las de los demás.

NB: Lúgubre o sombrío, el enfoque de la economía política que nos legaran Smith o Mill, así como Marx y Keynes, descubre en su andar motivos tenues pero firmes de que ánimo hay y reclamo constructivo más. Basta con hacer a un lado el dogmatismo para empezar a ver con claridad y al largo plazo. Con que tejer otros miradores, cursos, voluntades renovadoras y renovadas…Vamo a ve.

Por lo pronto, felices navidades y buen año.
Vale, RCC.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.