Opinión

Rogers a la NSA,
Lobban sale de servicios británicos

En medio de la tormenta porque Edward Snowden ha revelado los alcances orwellianos del espionaje, el vicealmirante Michael S. Rogers prepara su arribo a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en reemplazo de Keith Alexander, quien hará efectiva su renuncia en marzo. En Gran Bretaña también se alistan cambios: Iain Lobban, director del Cuartel General de Comunicaciones (GCHQ), saldrá a fines de año, en una medida que según la cancillería en Londres ya estaba planeada y nada tiene que ver con el escándalo.

El nombre de Rogers se manejaba desde octubre, mientras fluían en la prensa, igual que hoy, las revelaciones efectuadas por Snowden. Se trata, indica The Wire, de un experto en criptografía con 30 años de carrera en la Armada que dirige su Décima Flota y el Comando Cibernético Naval, con sede en Fort Meade, Maryland, base de la NSA. Luego de nueve años al frente de la agencia, el general Alexander ofreció su dimisión al empezar las filtraciones a The Guardian y The Washington Post en junio, pero la Casa Blanca lo “convenció” de aguantar durante la peor crisis que ha vivido la NSA en seis decenios y corresponderá a Rogers encarar la exigencia global para que recorte sus antenas, lo que por supuesto, está lejos de apoyar de acuerdo con declaraciones en 2012:

“Para preservar la ventaja combativa cibernética de la Marina, debemos seguir desarrollando una fuerza de elite reclutada y educada para comprender mejor el entorno marítimo, usar los últimos avances tecnológicos y desplegar su capacidad en cualquier lugar del mundo”, manifestó al órgano oficial CHIPS.

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Por su lado, a sus 53 años, Lobban deja el GCHQ inmerso en una situación que no vivía desde que Kim Philby desertó a la Unión Soviética cargado de valiosos secretos, entre ellos las identidades de los colaboradores del KGB dentro del gobierno de Londres. La importancia de los servicios británicos en el espionaje aliado es indiscutible; pilar del bloque también integrado por Canadá, Australia y Nueva Zelanda, el martes se resaltaba que fueron los que “enseñaron” a los estadounidenses a intervenir los teléfonos mediante aplicaciones que parecían tan inocentes como Angry Birds.

El GCHQ, con 6 mil empleados y un presupuesto que acapara los 2 mil millones de libras anuales destinados a las tres agencias de inteligencia británicas, además de los fondos que le da Washington, es clave, asimismo, en la intercepción del tráfico telefónico y de Internet que corre a través de los cables de fibra óptica en el Atlántico. Antes de abandonar el mando, Lobban todavía tiene largos meses para cambiar lo que llamó “métodos de comunicación” tras el affaire Snowden; será el colofón de una trayectoria que inició en 1983.