Opinión

Rodolfo Ríos en el espejo de Volkswagen

 
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[Rodolfo Ríos/Procurador del DF/Imagen de archivo/Cuartoscuro]  Con ello, reforzará cultura de la denuncia.

¿Qué consecuencias hay cuando se presentan casos escandalosos como el de Volkswagen y sus autos engañosos; o el de Ashley Madison y su brecha de seguridad informática; o el de United Airlines y su favoritismo por algunos altos ejecutivos de la autoridad portuaria de Nueva York? Sencillo: la renuncia.

Esta es la consecuencia: si una de las transacciones básicas de una organización falla estrepitosamente, el CEO se va. Los tres ejemplos arriba citados ocurrieron en los últimos cinco meses en países desarrollados (Alemania y Estados Unidos) y son el resultado esperado por sociedades que quieren ver en los líderes de las organizaciones no sólo a personas eficientes, sino también ejemplares.

En México no ocurre lo mismo. Aquí pueden morir decenas de personas en un autobús de pasajeros, que el culpable nunca es el director general, sino el chofer de la unidad; o puede explotar una pipa de gas, que nadie sabe nunca cómo se llama el director ni qué ocurrió con él. Todo termina en la consignación del operador de la unidad.

El caso de los dos policías Hugo Cruz y Juan Roldán –que en el fondo eran ladrones y asaltantes–, quienes intentaron sin éxito despojar a un cuentahabiente del dinero que recién había retirado de la sucursal de Inbursa en el centro comercial Espacio Interlomas, exhibe el inconmensurable grado de descomposición que hay en algunas unidades de la Procuraduría General de Justicia del DF. Estos tipos se habían movido con fuero de facto en lugares como San Ángel o Polanco, y aprovecharon el conocimiento que tenían de los huecos del sistema para intentar materializar una fechoría mayúscula.

Pero este fallo colosal que exhibe un descalabro en la médula del sistema judicial capitalino no originó la renuncia del procurador Rodolfo Ríos, a quien Miguel Ángel Mancera refrendó en el cargo después de haber pedido la renuncia masiva de su gabinete el verano pasado.

¿Debe irse Ríos? No lo sé, de hecho me cae muy bien; es un muy buen tipo, profesional. Lo que sí sé es que en sociedades maduras un caso así detona un debate gigante sobre la naturaleza, misión y operación de las organizaciones, sean éstas del Estado o empresas privadas a las que les compramos sus productos. Usualmente el CEO aparece avergonzado frente a las cámaras; pide disculpas; detalla los cambios inmediatos que instrumentará tras el episodio y, eventualmente, se va. Mírese el minuto a minuto de la película reciente del caso Volkswagen.

En México no es así. Aquí todos los accidentes, ilícitos, escándalos y demás episodios vergonzoso son, siempre, materializados por gente de muy bajo nivel. Y tan tan.

Lo que sí podría hacer la PGJDF es mostrar en su comunicación oficial, al menos, cierto remordimiento.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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