Opinión

Rocoso inicio de la “gran coalición” negro-roja


 
Es muy probable que el accidente de esquí de Angela Merkel no tenga las desastrosas consecuencias que trajo la caída de otra mujer gobernante, Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina – la lesión que sufrió en la cabeza la obligó a suspender campaña en los comicios legislativos de 2013, de los que dependían sus aspiraciones reeleccionistas–, pero no deja de marcar un inicio difícil para la “gran coalición” negro-roja formada por democristianos y socialdemócratas.
 
Sin lograr la mayoría necesaria en la votación de septiembre para evitar una alianza en el Bundestag o Parlamento, la conservadora Merkel pudo formar gobierno hasta el 17 de diciembre pasado, luego de negociar con el Partido Socialdemócrata (SPD) el establecimiento de un salario mínimo, incrementar los impuestos en las autopistas y mejorar la protección de los datos confidenciales ante el escándalo del espionaje estadounidense que alcanzó a la misma canciller federal.
 
Sin embargo, la primera prueba para el SPD y la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Merkel ha sido precisamente cómo aplicar dichos acuerdos, mientras que el partido aliado de la CDU en Baviera, la Unión Social Cristiana, exigió limitar los beneficios para inmigrantes rumanos y búlgaros, que a partir de 2014 tienen acceso al mercado laboral y servicios sociales de la Unión Europea.
 
 
Gabinete
 
La mayor critica para Merkel fue suscitada no obstante por la repentina salida del jefe de Gabinete, Ronald Pofalla, quien había manifestado su deseo de formar una familia, para incorporarse al mando de Deutsche Bahn, la red ferroviaria de propiedad parcial del gobierno, generando reproches por la rapidez de la “puerta revolvente” y del posible tráfico de intereses entre la administración pública y las empresas, en este caso de tan sólo dos semanas.
 
Cabe recordar que en México la ley señala que los funcionarios de alto nivel deben esperar un año antes de entrar a la iniciativa privada, mientras que en Estados Unidos los cabilderos, a menudo antiguos secretarios y subsecretarios, son registrados para supervisar sus actividades. “Para nosotros esto es una clara señal de que necesitamos urgentemente un periodo de enfriamiento” de tres años, dijo a The New York Times Timo Lange, vocero del grupo LobbyControl, al tiempo que el Partido de Izquierda consideraba necesario aumentarlo a cinco años.
 
 
Hace dos meses, Eckart von Klaeden, ministro de Estado en la cancillería federal, dejó su puesto para unirse a Daimler como jefe de cabilderos; al parecer, cunde el ejemplo del socialdemócrata Gerhard Schröder, antecesor de Merkel y quien sólo esperó dos semanas antes de asumir el mando de la firma que construyó un gasoducto entre el Báltico y Rusia.