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Al mes de abril, la economía mexicana crece a un ritmo de 2.3 por ciento. Nada espectacular, pero tampoco la tragedia que muchos preveían a fines del año pasado. Considerando todo el sexenio, la tasa de crecimiento promedio anual es de 2.6 por ciento, y sería de 3.3 por ciento si no consideramos la gran caída en la minería, es decir, en la producción de petróleo. No lo digo porque eso pudiese haberse evitado, sino sólo por ilustrar que el comportamiento de la economía dista mucho de ser un problema serio. Después de la minería, la construcción es el sector que peor se comporta, prácticamente estancado en esta administración. Y le sigue lo de siempre, educación y salud, que llevan más de 30 años sin crecer. Su tasa de crecimiento promedio es de apenas 0.6 por ciento anual. El que el gobierno sea tan grande en estas actividades es parte de la explicación, porque la administración pública crece también poco, aunque el doble de educación y salud: 1.2 por ciento.

Ya con tasas mayores a 3.0 por ciento anual vienen las manufacturas (3.2 por ciento), electricidad (3.3 por ciento), agropecuario (3.6 por ciento), servicios profesionales (3.8 por ciento), financieros (3.9 por ciento), comercio (3.9 por ciento), esparcimiento (4.0 por ciento), turismo (4.3 por ciento) y comunicaciones (5.5 por ciento). Ya lo habíamos comentado en otro contexto: lo que más crece son las actividades orientadas a la comunicación y el entretenimiento.

Estas actividades representan tres cuartas partes de la economía nacional, de forma que no exageramos si pensamos que, para buena parte del país, el crecimiento no es menor y alcanza prácticamente 2.0 por ciento anual por habitante. Pero conforme entra uno al detalle, las cosas cambian. En minería, como veíamos, se vive una tragedia. Los servicios relacionados con la minería traen una contracción de más de 15 por ciento anual, y los derivados de petróleo y carbón de 9.0 por ciento. Las obras de ingeniería civil (infraestructura) caen al 7.0 por ciento anual, la extracción de petróleo y gas, lo mismo. Fuera de esta tragedia, hay malas noticias en la industria de impresión, con una caída de 4.0 por ciento anual, cuero (-2.0 por ciento), química (-1.5 por ciento) y muebles (-1.0 por ciento). Textiles promedia medio punto de crecimiento anual, pero a últimas fechas se ha complicado mucho.

Me brinco las actividades industriales que crecen entre 1.0 y 3.0 por ciento, para sólo mencionarle las que van muy bien: electricidad (3.5 por ciento), papel (3.7 por ciento), metálica (3.9 por ciento), bebidas y tabaco (4.0 por ciento), plástico y hule (4.0 por ciento), fundición (4.4 por ciento), otras manufacturas (4.9 por ciento), equipos eléctricos (5.6 por ciento), equipo de transporte (8.3 por ciento), equipo de cómputo (8.8 por ciento), construcción especializada (9.6 por ciento). Estas tasas de crecimiento no son iguales, porque los sectores son de diferente tamaño. Equipo de transporte es ya muy grande, mientras que papel o equipo de cómputo no lo son. Pero, otra vez, es para hacer evidente que el comportamiento de la economía no es homogéneo, y sobre todo, no es tan malo como se cree. En los primeros cuatro meses de este año, por ejemplo, quienes viven en comunidades que dependen de la producción de petróleo, o de derivados de éste, han sufrido mucho. Quienes viven en zonas que dependen de educación y salud siguen estancados como desde hace décadas. Y quienes viven en regiones dedicadas a la producción de manufacturas, o trabajan en actividades asociadas a entretenimiento y comunicación, perciben movimiento y posibilidades a futuro.

Por eso, hablar de todo México como si todo fuese lo mismo es una mala idea. Ahora con las campañas políticas no faltará el que diga que la economía es una tragedia y que eso se debe al neoliberalismo, o a las administraciones de otros partidos, o lo que sea. Ese discurso tendrá eco en Tabasco y Campeche, o entre maestros y médicos del sector público, pero será absurdo para quienes viven en Querétaro, Guanajuato o Aguascalientes. Las dinámicas son diferentes, los votantes pensarán distinto.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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