Opinión

Río revuelto 

04 agosto 2017 5:0
  
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México

Anticipo doce meses complicados para México. Pocas veces hemos sido testigos de un escenario tan complejo para el futuro de nuestra República. Mi pesimismo surge de las condiciones políticas, dentro y fuera del país, y de las circunstancias económicas que las acompañan.

Cada vez con mayor frecuencia, las clases políticas aquí, y en los Estados Unidos, dedican su tiempo en navegar sin brújula ante una corriente de acontecimientos que los rebasa.

Tratan de resolver lo urgente y ya ni siquiera se meten en lo importante. Las coyunturas sólo llevan una planeación de golpe de efecto que aleja al ciudadano común de sus agendas, pareciera que no existe el largo plazo.

La crisis de credibilidad institucional es enorme y la confianza de la sociedad cae constantemente, con el riesgo de transformarse en absoluta indiferencia.

En China existe una expresión: “ojalá vivas en tiempos interesantes” que, en realidad, es una maldición para los enemigos.

Nos aproximamos a uno de los momentos más interesantes de nuestra historia y aprecio a un segmento gobernante extraviado en la grilla y la corrupción; mientras nuestro vecino al norte se desmorona poco a poco como líder del mundo libre. Aventuro que no somos testigos de una época de cambio, sino de un cambio de época.

A la tormenta perfecta se unen varios elementos: la renegociación del acuerdo comercial de América del Norte, la elección presidencial mexicana (y general) del 2018 y el crecimiento de la delincuencia nacional, no por su eficacia, sino por el vacío que llenan los criminales al ofrecer empleos mejor pagados y gozar de impunidad gracias a una baja tasa de denuncia.

Insisto en que éste también es el momento de los ciudadanos (desencantados, escépticos y decepcionados) que podemos construir sobre nuevos cimientos un país mejor. Sólo se trata de tener rumbo, voluntad y compromiso. Ahí donde los partidos y los políticos se agotan sin remedio, nosotros podemos empezar por poner en la mesa otras alternativas que recuperen la tranquilidad, el respeto, la tolerancia y la prosperidad para la mayoría.

Es posible, si nos organizamos bien y pensamos más allá de nuestro interés personal, si somos corresponsables. 

Twitter: @LuisWertman

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