Opinión

Riesgos para la estabilidad en 2016

 
1
 

 

billetes

Como se ha señalado recurrentemente, 2016 será un año “plano” en materia económica, aunque con episodios de volatilidad. Plano porque se anticipa que el crecimiento de la economía volverá a rondar 2.5-3.0 por ciento si bien nos va; un aumento moderado del empleo y el consumo, como en este año; modesta recuperación de los salarios; permanencia de los niveles de desigualdad y pobreza; y presupuesto público austero. Al mismo tiempo, la volatilidad provendrá de la estrategia de ajuste (monto y velocidad) de las tasas de interés en Estados Unidos durante el año y de cómo reaccionen las tasas en otros países incluido México y, sobre todo, los tipos de cambio.

En ese contexto, y a pesar de las malas percepciones sobre la economía, la posición de México en relación con otros países emergentes es razonablemente favorable. En una presentación reciente del subgobernador de Banxico, Manuel Sánchez (se puede consultar en www.banxico.org.mx/publicaciones-y-discursos/) se incluyen diversos indicadores que así lo confirman: mientras que los flujos de capitales a las economías emergentes se han reducido sustancialmente desde principios de 2014 (fueron negativos en casi 31 mil millones de dólares en el tercer trimestre de 2015), en México se han mantenido relativamente estables y en terreno positivo (entrada de tres mil millones en ese trimestre); con ello, la tenencia de valores gubernamentales en poder de extranjeros se ha mantenido en torno a 30 por ciento, en comparación con 23 por ciento de otros países emergentes en promedio.

Como se señala en dicha presentación, la incertidumbre y las presiones financieras internacionales se ha absorbido vía ajustes en los tipos de cambio. En octubre de 2014-septiembre de 2015 las monedas de los países emergentes se depreciaron 25 por ciento en promedio con respecto al dólar estadounidense, las latinoamericanas 30 por ciento y el peso mexicano 24 por ciento, en tanto que las tasas de interés se han mantenido relativamente estables en esos países: en torno a 6.0 por ciento para un plazo de diez años, aunque en el caso de México la tasa objetivo o de política se mantiene en 3.0 por ciento, mientras que en los países emergentes en 5.4 por ciento en promedio, como resultado de una menor tasa de inflación al consumidor (2.5 por ciento y 5.3 por ciento, respectivamente). Lo anterior implica que la percepción de riesgo de México (136 puntos base en el crédito soberano, que elabora Bloomberg) se ubique en la parte baja del rango que aplica a los países emergentes (entre 60 y 400 puntos base).

Los riesgos para mantener esa situación relativamente favorable y la estabilidad económica son, además de la volatilidad de los flujos de capitales y del tipo de cambio, las presiones inflacionarias que pueden derivarse de la devaluación en el corto plazo, así como el desequilibrio fiscal y el incremento de la deuda pública que se seguirá acumulando en 2016, con efectos a mediano plazo. El Banco de México calcula que por cada 1.0 por ciento de depreciación cambiaria, el efecto sobre la inflación en 12 meses sería de 0.038 por ciento (véase su último informe trimestral), lo que implicaría que la devaluación acumulada a la fecha impactaría a la inflación en casi un punto porcentual.

Sin embargo, diversos factores pueden magnificar ese impacto. El incremento de la demanda (consumo, ventas) ha más que duplicado el de la oferta (PIB, producción) en varios sectores lo que puede generar presiones en los precios, que se sumarían a la reposición de inventarios de mercancías importadas al “nuevo” tipo de cambio. Por otra parte, en buena medida la reducción de la inflación ha sido por la evolución de los precios de los bienes agroalimentarios pero, de confirmarse la intensificación del fenómeno de El Niño, las condiciones climáticas pueden derivar en periodos de sequía en los primeros meses del año, lo que afectaría cosechas y productos de las regiones centro, noroeste y occidente del país, con el consecuente impacto en precios en bienes agrícolas.

Frente a esa coyuntura, no parece el mejor momento para “desconsolidar” los avances en la disciplina fiscal.

Twitter: @ruizfunes

También te puede interesar:
Pesca, sector en el olvido
Cuadrar el presupuesto
Deficiencias, retos (y absurdos) del sistema de salud