Opinión

Riesgos de la agenda legislativa 2014

La agenda reformista de 2014 enfrenta cinco riesgos: incumplimiento de plazos, captura legislativa, mala implementación, expectativas incumplidas e ingobernabilidad regional. Algunos de esos riesgos provienen del proceso legislativo, pero otros de factores exógenos fuera del control del Congreso mexicano.

Incumplimiento de plazos: La agenda legislativa 2014 está congestionada por el gran número de reformas legales y nuevas leyes que deben promulgarse: cerca de 77, casi todas ellas durante el periodo de sesiones en marcha, que concluye el 30 de abril. De esas, 12 son leyes en materia de telecomunicaciones y competencia económica que debieron modificarse en diciembre pasado sin que se cumpliera el plazo.

Además de la legislación, el Congreso debe cumplir con obligaciones de nombramiento de diversas autoridades: los consejeros del Instituto Nacional Electoral (8 de abril); los comisionados del IFAI (10 de mayo); los del Coneval (13 de abril).

Captura legislativa: Una de las sorpresas del proceso reformista de 2013 fue que se rompió el mito de que las instituciones políticas mexicanas estaban capturadas por los llamados poderes fácticos y que nada que afectara sus intereses podría ser reformado. No obstante, las reformas en telecomunicaciones y educación, por ejemplo, afectaron los intereses de grupos poderosos en medios de comunicación y la educación pública. A pesar de esa buena noticia, un riesgo de 2014 es que al amparo de la complejidad técnica de la legislación en marcha, algunos grupos de interés penetren el proceso legislativo para aminorar el impacto de las reformas sobre sus intereses políticos o económicos.

Mala implementación de las reformas: En la ejecución, la agenda puede atorarse por la falta de cumplimiento de los plazos legislativos. Por ejemplo, la definición del “must-carry y must-offer” ya tuvo sus primeros obstáculos la semana pasada, cuando un juez limitó las facultades del Ifetel para ese tema por la falta de leyes secundarias. Asimismo, el mismo Instituto debe decidir el 9 de marzo sobre la preponderancia en el mercado de telecomunicaciones, pero se argumenta que sin legislación secundaria ese proceso carece de bases legales.

Por su parte, en materia educativa, uno de los grandes riesgos es que la evaluación de los maestros, prevista para julio, sea una simple simulación y la mala implementación en los estados aminore su impacto. Las evaluaciones estipuladas en la nueva legislación serán aplicadas por las autoridades locales y no por un Sistema Nacional de Gestión.

Expectativas incumplidas: El proceso reformista debe acompañarse del único resultado que los mexicanos, y cualquier ciudadano en cualquier parte del planeta espera de sus gobiernos: mejores ingresos, más empleo y seguridad pública. Si el reformismo mexicano no genera ese bienestar al final del día, habrá enorme frustración y descontento social. Por ello es muy delicado que se pregonen falsas expectativas, como aquellas de la disminución en los precios del combustible y gas, o bien, que se prometa que habrá mayor seguridad pública cuando ese resultado vendrá en muchos años.

Ingobernabilidad regional: La violencia en Michoacán, Tamaulipas o Guerrero son focos rojos que pueden propagarse en los próximos meses. Salvo la estrategia adoptada en Michoacán, no parece haber una nueva ruta para combatir la violencia organizada, por lo que es previsible que a la par de las ejecuciones, que vienen disminuyendo, otros delitos, quizá con más daño moral a la sociedad, continuarán en niveles altos y aun empeorarán: extorsión y secuestro. Además, la aplicación de la reforma educativa en los estados sumará el descontento de los maestros y posibles marchas, plantones o protestas.

El reformismo mexicano de 2013 es una magnífica noticia, pero debemos tener cautela y contemplar los riesgos para minimizarlos. El mayor riesgo es, sin duda, que se afiancen dos avenidas del desarrollo. Una del progreso, el desarrollo y las portadas de Time Magazine, y las calificaciones aprobatorias de Moody´s. Otra, la avenida que lleva a Apatzingán, de un país con un frágil estado de derecho, mucha corrupción y violencia. Dos avenidas de desarrollo no pueden durar mucho tiempo.