Opinión

Riesgos al alza; seguros agropecuarios a la baja

 
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aguacate (Bloomberg)

Los últimos dos años fueron favorables para el sector agropecuario, particularmente por condiciones climatológicas que implicaron “buenos temporales” (lluvias) y ausencia de fenómenos extremos como sequías o heladas; aún con el huracán Patricia en 2015, el peor de la historia, la afectación al sector agropecuario en una de las zonas de mayor producción del país (Jalisco, Colima y parte de Michoacán) fue limitada.

Esas condiciones, junto con una estabilidad de los precios nacionales e internacionales durante 2016 aunque en niveles inferiores a los prevalecientes en 2013-2015, impulsaron la producción interna y las exportaciones de diversos productos como aguacate, hortalizas y cárnicos.

Dichas condiciones podrían empezar a cambiar en este año. En enero-abril la precipitación pluvial a nivel nacional fue 55% inferior a la del mismo periodo del año anterior en prácticamente todas las entidades federativas pero, sobre todo, en las que dependen en mayor medida del temporal; es decir, que tienen una menor superficie relativa de riego. A ello se suma que meteorólogos y expertos en la materia estiman que existen riesgos elevados de que se presente el fenómeno climatológico de “El Niño” que afectaría al Bajío con sequías en el segundo y tercer trimestres del año, así como en la Península de Yucatán, Veracruz, la región de las huastecas y partes del Istmo de Tehuantepec por falta de lluvias en la segunda mitad del año, lo que impactaría desfavorablemente en las cosechas del ciclo primavera-verano y en la producción pecuaria de esas regiones.

A mayo de 2016 el almacenamiento en las principales presas agrícolas del país fue inferior a la del mismo mes del año anterior (55.5% y 62.5% de la capacidad total), aunque superior al de 2014 (41.4%). El nivel actual, sin ser espectacular, garantiza un buen ciclo agrícola otoño-invierno 2016/2017. En todo caso, los problemas podrían presentarse en ciclos posteriores de no darse buenas temporadas de lluvias para reponer el agua utilizada en ese ciclo en los estados del norte del país.

Frente a esos riesgos destaca que el ritmo de aseguramiento en el sector agropecuario en lo que va del año y sus perspectivas son preocupantes. De acuerdo con lo reportado por el Organismo Integrador Nacional de Fondos de Aseguramiento, en el primer trimestre de este año se aseguraron 323 mil hectáreas, lo que representa sólo 18% de la superficie asegurada en el mismo trimestre de 2015 y 3.3% de la que en promedio anual se ha cubierto en los últimos ciclos agrícolas (9.85 millones de hectáreas). Por su parte, el número de unidades animales aseguradas se redujo 8.6% en el trimestre a tasa anual.

Si bien esos números pueden reflejar que este año el ritmo de contratación de seguros agropecuarios ha sido (extraordinariamente) lento, la restricción presupuestal del sector público se tradujo en menores apoyos a este importante instrumento de reducción de riesgos.

En Agroasemex –la aseguradora pública agropecuaria, cuyas ineficiencias y mala administración no han podido corregirse en los últimos sexenios– se disminuyó 22.3% el presupuesto anual con respecto al año pasado, en tanto que el del programa de atención a desastres naturales (o siniestros) en el sector que opera Sagarpa se redujo 11%, de los componentes presupuestales más afectados por el recorte, y que se suma a la reducción de casi 5% en 2015. Ese recorte implicó que disminuyera significativamente el subsidio a la prima del seguro (a 30-35% del costo), lo que implicará que se asegurarán una menor superficie y menos hatos ganaderos que en el pasado, al aumentar la proporción que tiene que aportar el productor.

No parece buena idea redireccionar subsidios de una política pública para minimizar riesgos hacia otras actividades con menor rentabilidad financiera y social como el apoyo al costo de los insumos (diésel, electricidad, agua) o a la comercialización de granos. Mala estrategia, a contrapelo de tendencias internacionales y del sentido común.

Twitter:@ruizfunes

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