Opinión

¿Riesgo en la educación profesional?

06 septiembre 2013 5:2

 
 
Hay un paradigma que tomamos como cierto: “toda educación es buena”; sin embargo, hay jóvenes y padres frustrados porque los enormes pagos en universidades privadas no se han visto recompensados, de tal manera que los recién graduados se encuentran desempleados o laboran en algo muy ajeno a su especialidad.
 
 
La gran pregunta es si los muchachos, quienes apenas salen de preparatoria, tienen la información suficiente y la capacidad para digerirla, con el fin de afrontar la decisión de elegir una carrera que orientará de inicio la dirección de su actividad profesional. En este sentido, la responsabilidad debe ser compartida entre padres de familia e instituciones educativas.
 
 
Les comparto el enojo de un ex alumno de una institución privada, quien arremete contra su universidad porque ha sido incapaz de  encontrar trabajo y carece del recurso para pagar su crédito educativo. Dice que su propia casa de estudios lo está metiendo en la bancarrota.
 
 
Si bien afirma que tomar dicha deuda fue una irresponsabilidad suya, por falta de información y educación financiera, también señala como culpable a la universidad por la facilidad con la cual adquirió ese compromiso y, molesto, la acusa de un enriquecimiento con créditos imposibles de pagar.
 
 
Esta problemática trasciende a México; en todo el mundo aumenta en forma alarmante la cartera vencida de los créditos universitarios, al grado de que se habla del surgimiento de otra “burbuja financiera”, como lo fue en su momento el caso de las hipotecas. En Europa se han presentado un sinnúmero de protestas por la falta de trabajo, e incluso en Estados Unidos un grupo de graduados en derecho demandó a sus universidades, ante el argumento de que les habían prometido empleabilidad y fracasaron.
 
 
Evidentemente hay también una corresponsabilidad de las instituciones educativas, que con el fin de aumentar su matrícula otorgan créditos en forma laxa, a la vez que diseñan carreras con nombres muy atractivos, pero el mercado desestima su valor.
 
 
Ahora bien, hay elementos a reflexionar sobre esta toma de decisión.
 
 
1.- El momento que le está tocando vivir a esta generación tiene como elementos de reto, el deterioro económico de prácticamente todos los países; una estructura poblacional con un gran número de jóvenes demandando un puesto y una saturación de carreras que están altamente competidas, mientras otras nuevas son incomprendidas por los empleadores.
 
 
2.- A la hora de decidir una carrera o especialidad, es conveniente sondear en el mercado para identificar las áreas de interés de los sectores productivos y vincular la vocación con la realidad del país. En esta tarea pueden apoyar los padres y las universidades, con el fin de que tomen una decisión con la información suficiente.
 
 
3.- Es recomendable imprimirle creatividad a las opciones de trabajo y olvidarse de las etiquetas profesionales; de hecho, hay empresas transnacionales en búsqueda de actitudes en lugar de conocimientos específicos.
 
 
4.- El “trauma” para algunos es laborar en un área diferente a la estudiada, pero eso es una cuestión de enfoques. La universidad da mucho más que una técnica, permite obtener una metodología de análisis y forma de ver el mundo.
 
 
5.- Educación no es sinónimo de dinero, y si bien es un recurso que proporciona mayores oportunidades, hay una serie de cualidades complementarias que definen el resultado. La disposición a emprender y tomar riesgos, en combinación con una buena preparación, conduce regularmente a la obtención de ingresos significativos.
 
 
6.- Puede haber una miopía de largo plazo, pues la inversión en educación tiene un horizonte de rentabilidad en un lapso de tiempo considerable y sólo bastaría voltear hacia los éxitos de hombres de negocio, empresas e incluso naciones, que han apostado a proyectos con una plataforma de maduración muy amplia.
 
 
7.- Evidentemente nadie contrata un crédito a sabiendas que lo dejará de liquidar y parece sencillo el hecho de que al finalizar la carrera habrá los recursos para hacerlo. Es importante tener clara la responsabilidad de quien lo recibe, en el sentido de la obligación de pagarlo.
 
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