Opinión

Riesgo calculado

  
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Además de que el IV Informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se presentará ante un entorno económico mundial muy adverso, también tendrá un formato nuevo y muy diferente al que tradicionalmente se realizaba, en el cual, el jefe del Ejecutivo era la figura central, pero con el paso de los años se fue enturbiando hasta dejarlo solamente en el envío por escrito al Congreso de la Unión.

En el artículo 69 constitucional se señala el compromiso de presentar el Informe presidencial a la apertura de las sesiones ordinarias; sin embargo, fue el presidente Guadalupe Victoria quien en 1825, lo presentó por primera vez, sin estar obligado a hacerlo. Esta sana costumbre la repitieron en especial Benito Juárez y Porfirio Díaz, quien le recetó a los mexicanos 61 Informes, obvio, varios al año.

El 15 de agosto del 2008 se eliminó el requisito de asistencia del Ejecutivo a la sede del Congreso.

En la historia de los Informes en ese año, por primera vez un presidente no acudía a San Lázaro por lo que Felipe Calderón tuvo que dirigir 12 mensajes transmitidos en cadena nacional.

Peña Nieto ha rendido el Informe Presidencial desde Palacio Nacional y ahora no será la excepción; sin embargo, se tendrá un nuevo formato en el cual, se dice, 300 jóvenes serán los invitados y algunos de ellos cuestionarán directamente al Presidente de la República sobre el estado que guarda su administración.

Este ejercicio democrático es una extraordinaria idea; sin embargo, presenta algunos riesgos a la investidura presidencial.

Se entiende que una de las condiciones a los asistentes del evento y sobre todo a aquellos que harán los cuestionamientos a Peña Nieto es el respeto; no obstante, el magno escenario que representa, por un lado el Palacio Nacional y por el otro, estar en el centro de los reflectores, ya que no sólo se transmite en cadena nacional, sino que están los medios de comunicación relevantes del país así como del extranjero, representa una tentación invaluable para ser el protagonista de una pregunta inteligente e inquietante o en contraparte emprender una andanada de descalificaciones e incluso agravios hasta de tipo personal.

Insisto, el ejercicio se antoja atrevido, pero enriquecedor, empero ya sabemos cómo se las gastan algunos detractores del sistema y, en este caso, el riesgo calculado parece estar del lado del propio jefe del Ejecutivo federal.

Por supuesto, habrá preguntas incomodas. Esas serán bienvenidas y hasta necesarias, empero la línea que separa el insulto de la crítica constructiva es tan delgada, que en cualquier momento se puede romper.

Desde hace algunos días el presidente Peña se prepara para el interrogatorio, incluso a cuestionamientos agresivos; sin embargo, un eventual conflicto durante el desarrollo del evento no se dará del lado de las respuestas, sino estará en la cancha de los inquisidores.

La ponderación que resulta de la situación por la que transita México en temas como la economía del país y familiar, así como la inseguridad, la corrupción, la rendición de cuentas y transparencia estarán en la reflexión y serán parte de la batería de preguntas que se harán durante el encuentro.

De igual manera temas más específicos para los jóvenes, como la educación, el ámbito laboral, la sustentabilidad, la igualdad de oportunidades y la mejora salarial al igual que la competitividad, saldrán a la luz y darán materia para debates hartos fructíferos.

Lo que no se vale es que se falte el respeto a la investidura presidencial, que conste no es a Peña Nieto, sino a esa figura jurídica- constitucional que da fortaleza y cohesión a la Nación.




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