Opinión

Ricardo, futuro del PAN

Ricardo Anaya es el nuevo secretario general del PAN. Este político de 35 años ha militado en su partido desde su juventud. Fue secretario particular del gobernador de Querétaro de 2003 a 2008, después coordinador de Desarrollo Humano del Gobierno de Querétaro de 2008 a 2009. Diputado local de la LVI Legislatura de su estado, donde fungió como coordinador de su grupo parlamentario. El 1 de abril de 2011 fue nombrado por el presidente Calderón, subsecretario de Planeación de la Secretaría de Turismo. Diputado federal por representación proporcional en julio de 2012, donde se desempeñó como presidente de la Cámara de Diputados.

Tomó licencia de la diputación y de la presidencia de la Cámara para hacer campaña con Gustavo Madero en marzo de este año. Su elección como compañero de fórmula ha sido una de las decisiones más acertadas de Madero en su aspiración por reelegirse. No sería exagerado decir que ganó en gran medida por tener a Anaya. Éste encarna lo que muchos panistas no le creen a Madero. El presidente del PAN hizo campaña diciendo que se debe “redignificar la política” y acabar con la corrupción en el PAN y en México. Sin embargo, todavía en la resaca del resultado, el grupo de Panistas por México sigue atacando a Madero de no haber limpiado al PAN.

Ricardo Anaya ha sorprendido a muchos, propios y extraños, con el tamaño y calidad de su liderazgo. Quienes lo conocen bien y han trabajado con él lo describen como un hombre maduro, serio, capaz, pulcro y con gran sensibilidad política. Lo contrastan con los panistas “improvisados” que han dejado su marca en Los Pinos, en el gabinete o en el Legislativo. Anaya representa la visión y el camino que muchos panistas anhelan para su partido. Un líder que aquilate los errores que se cometieron durante 12 años y que sepa conducir al PAN desde la oposición, proponiendo políticas que transformen México. Su primer gran reto, sin embargo, no pasa por las políticas públicas que pudiera impulsar: Madero y Anaya tendrán que rendir cuentas tras las elecciones de julio de 2015. Así es la política, para incidir primero hay que ganar votos. Justo o no, su paso por la secretaría general se medirá en 14 meses.