El Programa para la Reconstrucción CDMX: sin tecnocracia ni populismo
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El Programa para la Reconstrucción CDMX: sin tecnocracia ni populismo

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Opinión

El Programa para la Reconstrucción CDMX: sin tecnocracia ni populismo

16/01/2018
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Reconstrucción de los edificios que colapsaron tras el sismo del 19 de septiembre de 2017. (Foto Cuartoscuro)
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Gracias al trabajo de Adriana Lobo, Mauricio Merino, Sergio Alcocer, Katia D’Artigues, Loreta Castro, Humberto Lozano, Xyoli Pérez y Fernando Tudela, la Ciudad de México tiene hoy un Programa de Reconstrucción, luego de la catástrofe del 19 de septiembre.

Antes de cumplir el plazo legal, la Comisión de Reconstrucción entregó al Jefe de Gobierno un tomo de 88 páginas donde se explica, se diagnostica, se fijan principios, se subrayan los temas críticos, se delinean etapas y se comprometen acciones para la Ciudad. Se trata de la primera entrega -directrices generales- para que todo el mundo sepa de que se trata y en que consiste la reconstrucción en la capital de la República.

El programa de reconstrucción ¿cayó del cielo? Nada de eso, abreva de cuatro fuentes esenciales: 1) Ceñidos a la letra de la Ley, se trata de una serie de programas coherentes, etapa por etapa; 2) Propone iniciativas innovadoras basadas en el nuevo conocimiento científico que se ha generado en la Ciudad a lo largo de las últimas décadas y que tenemos gracias al Comité Científico conformado por 14 universidades y centros de investigación del país y la Ciudad; 3) Son programas y acciones que parten del contacto, la escucha genuina y la consulta directa con los damnificados, en decenas y decenas de encuentros con ellos, y 4) de la discusión y trabajo de la propia Comisión.

Si tienen la paciencia de consultarlo*, deducirán muy fácilmente que el Programa es en realidad una política, o sea una manera de hacer las cosas: con mucha cercanía a la gente y con mayor celeridad.

El enorme desafío de la reconstrucción es presupuestal, sí. Es financiero, sí, pero sobre todo es humano, o mejor, es un hecho que tendrá lugar -o no- por el tipo de relaciones humanas y de conversación pública que sepamos establecer. El sismo del 2017 puede profundizar los problemas de legitimidad y desconfianza que quiebra desde hace tiempo, a las relaciones de la sociedad con gobiernos, políticos y los partidos políticos.

Pero el Programa de Reconstrucción hecho público el viernes pasado puede ser un instrumento para reducir esa brecha, a condición de que cumpla otros requisitos fundamentales: pertinencia, sintonía y empatía con la etapa por la que atraviesan los afectados; cumplimiento estricto con lo que se compromete ante ellos; diálogo franco, reconocimiento de lo que no se puede ofrecer en el límite de los recursos; ofrecer siempre varias alternativas, diversas, ante afectados y daños también muy diversos; trabajo sin parar, movimiento continuo en cada predio, en cada calle, en cada colonia damnificada, nunca una situación que se atasca; claridad día a día en el uso de los recursos.
Miguel Ángel Mancera lo definió así: “Dicen los documentos de las Naciones Unidas… la salida de un desastre natural, es siempre, una salida por etapas, pero la siguiente no solo enfrenta lo que no pudo resolver la previa, sino el sufrimiento y el desgaste social que se ha ido acumulando”.

Así las cosas, en este momento las cosas son más difíciles y por eso el Programa se propone, por sobre todo, hallar atajos, formas especiales de actuar, nunca detenerse, nunca dejar de avanzar, superar las inercias y encontrar soluciones contingentes con imaginación, legalidad y mucho, mucho sentido de la urgencia.

Toda la Ciudad, cada delegación, colonia y cada predio atravesará varias etapas como las define el Programa: 1) crear los instrumentos para el ejercicio de los derechos, participación, diálogo y certeza jurídica (por ejemplo todos deben tener su Asamblea Vecinal legalmente constituída); 2) medidas para la salida de la emergencia (que nadie continúe en la calle); 3) Preparación de la Reconstrucción (estudios de factibilidad de cada predio o manzana que determinen sí y cómo podemos reconstruir); 4) Fase intensa: definición de prioridades y cumplimiento de los plazos y objetivos de la ley (la construcción de nueva vivienda por ejemplo); 5) No es propiamente una etapa pero de él depende la realización de todo lo demás, en tiempo: Fondo Único en función de las prioridades del plan y 6) Dejar una Ciudad mas segura que la que teníamos el 18 de septiembre de 2017.

El Programa alude a los problemas generales de la reconstrucción: el hecho de que este terremoto se ensañó sobre todo con personas mayores, especialmente mujeres; el grave estado hidrológico del Valle; los problemas más importantes de la edificación de la Ciudad; el hundimiento general pero disparejo del territorio chilango; las zonas de grietas y su futuro constructivo, las fórmulas de reactivación económica y la nueva cultura, la nueva conciencia alrededor de la absoluta certeza sísmica.

Finalmente, el Programa -creo- sabe eludir la mentalidad del tecnócrata (solo hay una opción, la mía) y la mentalidad populista (no hay restricciones, todo es coser y cantar con “voluntad política”). Por el contrario: hay decenas de opciones en cada etapa, un menú de alternativas que debemos usar de modo inteligente, y esa flexibilidad es quizás la característica central de la reconstrucción en la Ciudad de México.

*http://www.reconstruccion.cdmx.gob.mx/storage/app/uploads/public/5a5/951/9f3/5a59519f3f047556008364.pdf

El autor es comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad de México.

Twitter: @ricbecverdadero

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.