Opinión

Reyes del siglo XXI

La noticia sorpresiva e inesperada de la abdicación del rey Juan Carlos de España para ceder su soberanía a su hijo Felipe ha reabierto el viejo debate sobre las monarquías. Por décadas se ha dicho en España que más que monárquicos son juan carlistas, señalando la manifiesta simpatía y respaldo popular que durante sus 38 años como monarca acompañaron a Don Juan Carlos. Pero hoy, la situación es distinta. El rey entrega la corona en el momento más impopular de la institución, con los niveles de aprobación más bajos de las últimos años. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la monarquía recibe una aprobación popular de 3.72 por ciento sobre una escala de 10 puntos. Según el propio CIS, el nivel más bajo desde la transición (1975).

En las últimas 24 horas dos fuerzas políticas han hecho un llamado a realizar un referéndum sobre la pertinencia de la institución monárquica, mientras que se suman las voces sobre el difícil momento que la Casa Real enfrenta.

Dos golpes –calificados de mortales por más de un cronista– han sido los definitivos para acabar con el reinado de Juan Carlos. El primero, las acusaciones de corrupción y malversación de fondos que desde la Fundación Noos encabezó su yerno Iñaki Undargarín, esposo de la infanta Cristina. Y el segundo, el escándalo torpe e imprudente de la cacería del elefante en Botswana. Estos dos hechos han sido fundamentales para afectar gravemente la imagen del otrora monarca popular, además de minar gravemente su salud, al grado de ingresar al quirófano en varias ocasiones en los últimos tres años.

El debate en España estos días estará cargado del incuestionable prestigio personal que aún posee el rey y de sus múltiples servicios a la democracia española, frente a la auténtica función de una monarquía que languidece en una España sumida en la mayor crisis económica del último cuarto de siglo.

Dos casas reinantes en Europa han tomado el camino de la abdicación en el último año: en Bélgica con el rey Alberto que enfermo, endeudado y desprestigiado entregó el trono y la corona a su hijo Felipe después de 20 años de reinado, y en Holanda, donde la reina Beatriz hizo lo propio a favor de su hijo Guillermo y su esposa Máxima (de nacionalidad argentina) en plena concordancia con las últimas tres reinas holandesas, que abdicaron cuando llegaron a los 70 años o más. El resultado ha sido positivo: los índices de popularidad en cada caso repuntaron y los jóvenes monarcas (no más de 55 años de edad cada uno) construyen hoy lazos sólidos con la ciudadanía.

Más de un asesor del Palacio de la Zarzuela debe haber sometido los casos a la consideración de Juan Carlos. El momento de renovación se impone, como un mecanismo de modernización de la institución, pero sobre todo, como un mecanismo de sobrevivencia. Felipe de Borbón (futuro Felipe VI), casado con una clasemediera divorciada, será el primer monarca español que haya concluido estudios universitarios y que se encuentra, en palabras de su padre, maduro, preparado y comprometido para desempeñar el cargo.