Opinión

¿Retroceso con expectativa positiva?

Sergio F. Ruiz Olloqui Vargas.

Presidente de la Fundación de Investigación del IMEF
sruizolloqui@profitmx.com.mx

Resulta complejo exponer la realidad competitiva de nuestro País en medio del entusiasmo que han generado las meritorias reformas que se han logrado en los últimos dos años en nuestro País.

Justo se ha publicado el Reporte Global de Competitividad del Foro Económico Mundial 2014-2015 y los resultados reales actuales para México muestran retos relevantes por enfrentar con celeridad.

En contexto, acorde con dicho Reporte, México continúa siendo la décima cuarta economía del mundo, sin embargo, retrocedimos seis eslabones en el Índice de Competitividad Global por lo que ahora ocupamos el sexagésimo primer sitio dentro de 144 países.

Profundizando, el Índice de Competitividad Global se basa en doce pilares competitivos, interrelacionados entre sí, mismos que se clasifican en tres subíndices.

El primer subíndice es el de requerimientos básicos, el cual versa sobre las condiciones mínimas que se requieren para competir y agrupa cuatro pilares competitivos: la solidez de las instituciones, la cobertura y calidad de la infraestructura, la estabilidad macroeconómica y el nivel elemental de educación y salud.

El segundo subíndice es el de potenciadores de eficiencia, son los elementos que determinan la competencia y el buen funcionamiento del mercado, y agrupa seis pilares: la educación superior y la capacitación, la eficiencia en el mercado de bienes, la eficiencia en el mercado de trabajo, el desarrollo del mercado financiero, la capacidad tecnológica y el tamaño del mercado.

El tercer subíndice es el de innovación y sofisticación, que se refiere a la madurez empresarial en cuanto a la eficiencia y diferenciación de las empresas y agrupa dos pilares se refieren a la sofisticación de los negocios y a la innovación.

Con alzas y bajas, la competitividad del País está estancada de manera alarmante y ello explica en gran parte la falta de crecimiento de nuestra economía. Hace seis años (reporte 2008-2009) habíamos caído del lugar 52 al lugar 60, con algunos avances en los dos últimos años (lugares 53 y 55) hemos perdido terreno para quedar en el referido lugar 61 de 144 países analizados sobre las mismas bases.

Nuestra realidad contrasta con la expectativa, ciertamente positiva, de lo que pueden solventar las reformas ya aprobadas, sin embargo, el tema central será la correcta ejecución.

Reflexionemos. El citado Reporte de Competitividad Global señala con claridad las cinco razones que se identifican como las problemáticas más relevantes para hacer negocios en nuestro país: la corrupción, las regulaciones fiscales, la ineficacia del gobierno por su burocracia, la criminalidad, el acceso a financiamiento y las altas cargas fiscales. Es lamentable que prácticamente todas ellas versen sobre la deficiente ejecución gubernamental, lo que explica la mala evaluación del país en el pilar sobre las instituciones (lugar 102 de 144).

El pilar que analiza a las instituciones evidencia el débil estado de derecho, la falta de protección a los derechos de propiedad y al capital intelectual, magra confianza en los políticos, regulación excesiva e inadecuada, exacerbada criminalidad y elevados índices de burocracia, corrupción e impunidad.

Por todo lo anterior, no lograremos incrementar nuestra competitividad y generar crecimiento y desarrollo, en la medida de que no se ejecuten adecuadamente las reformas aprobadas.

Hablemos sobre el primer eslabón de la competitividad: la educación. Se estructuró una reforma educativa cuya importancia es crucial para el presente y futuro del país, y para la generación de investigación, desarrollo e innovación, sin embargo, la misma no se aplica cabalmente por los intereses violentos de unos cuantos. Resultados: Según las mismas cifras oficiales, se espera que deserten de la escuela entre 650 mil y un millón de estudiantes este ciclo escolar. De hecho, esta semana la directora de gabinete de la OCDE alerta sobre la citada deserción escolar en México, identificando que el 38 % de los jóvenes de 16 años no estaba inscrito en el bachillerato en 2012 (último lugar de la OCDE).

Y qué decir sobre la calidad de la educación; nuevamente, de 144 países analizados, ocupamos el 118 en calidad de la educación primaria, el 122 en calidad del sistema educativo y el 128 en calidad de educación en ciencias y matemáticas.

Tendremos la oportunidad de seguir profundizando, pero lo relevante es que si no invertimos, trabajamos y ejecutamos correctamente, el estancamiento se hará permanente y con consecuencias atroces.