Opinión

Resultados de la Cruzada Nacional contra el Hambre

1
 

 

Cruzada Hambre

Con objeto de dar un puntual seguimiento de las acciones y resultados de la Cruzada Nacional contra el Hambre, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) levantó una encuesta panel entre la población atendida por dicha estrategia. Esta encuesta sigue a las mismas personas a lo largo del tiempo, a diferencia del Módulo de Condiciones Socioeconómicas de la ENIGH, con el que se realiza la medición de la pobreza en México, y que en cada levantamiento selecciona a los encuestados de manera aleatoria.

La encuesta panel se aplicó a siete mil 616 hogares que representan a más de doscientos mil hogares beneficiarios de la Cruzada en los 400 municipios de la primera etapa, es decir, a casi un millón de personas. En el futuro, dicha encuesta incorporará a la población de los municipios que se agregaron en la segunda etapa, 612 en 2014, y tendrá representatividad a nivel nacional en el periodo 2015-2018.

Los primeros resultados se dieron a conocer el día de ayer. Por definición, todos los encuestados son pobres extremos alimentarios, es decir, tienen tres o más carencias, una de ellas la de acceso a la alimentación y, además, su ingreso se encuentra por debajo de la línea de bienestar mínimo, lo que significa que no pueden cubrir ni el costo de una canasta de alimentos básicos con sus ingresos. Son los pobres entre los pobres.

Los resultados son alentadores. En 2015 todas las carencias sociales han bajado entre beneficiarios de la Cruzada considerados en la encuesta panel con respecto a 2013 y 2014, pero la carencia de acceso a la alimentación bajó de 100 a 42.5 por ciento. Es decir, en sólo un par de años, casi seis de cada diez personas atendidas en este universo por la Cruzada dejaron de tener carencia por acceso a la alimentación.

El resto de las carencias también se redujo en la población atendida por la Cruzada, pero destaca la carencia de acceso a la salud que, de acuerdo con el Coneval, se redujo 73 por ciento al pasar de 30.3 a 8.2 por ciento. Estos resultados dan cuenta de la efectividad que tiene la Cruzada para focalizar, localizar y atender de manera coordinada a la población en situación de pobreza extrema.

El Coneval también realizó un estudio de la evolución de los indicadores de pobreza para cinco de los 400 municipios donde arrancó la estrategia. Cabe aclarar que la fuente de esta información es el MCS-ENIGH, no la encuesta panel, herramienta que amplió su muestra en estos municipios con el objeto de que fueran representativos y comparables con 2010, último dato disponible a nivel municipal. Estos municipios también serán incluidos en los levantamientos de 2016 y 2018.

Los cinco municipios son: Zinacantán, Chiapas; Guachochi, Chihuahua; Mártir de Cuilapan, Guerrero; San Felipe del Progreso, Estado de México, y Tehuacán, Puebla. En los cinco municipios disminuyó la incidencia de la pobreza extrema de 2010 a 2014.

El indicador que es más importante para la Cruzada es el porcentaje de la población en pobreza extrema y con carencia de acceso a la alimentación, es decir, los pobres extremos alimentarios. De acuerdo con el Coneval, en todos los municipios bajó la pobreza extrema alimentaria: 25 puntos en Guachochi, 18 puntos en San Felipe del Progreso, 15 puntos en Zinacantán, 10 puntos en Mártir de Cuilapan y 1.3 puntos en Tehuacán.

La población de Guachochi ha sido testigo del compromiso del presidente Enrique Peña Nieto para erradicar la pobreza alimentaria, pues fue ahí donde se comprometió durante su campaña presidencial. Ver que la incidencia de la pobreza extrema alimentaria se ha reducido a menos de la mitad en este municipio de la Sierra Tarahumara, es un gran aliciente.

Hay que decir, con toda claridad, que estas cifras son el resultado del trabajo conjunto para llegar, con eficacia y eficiencia, a los más pobres. Es el resultado de un esfuerzo coordinado no sólo entre 19 dependencias de la Administración Pública Federal, sino también entre los tres órdenes de gobierno.

Desde el inicio de su administración el presidente Enrique Peña Nieto rediseñó la agenda pública para darle prioridad al tema del hambre. Se cambió la visión y la forma de instrumentar la política social. Se crearon nuevos programas sociales, se modificaron otros para permitir la coordinación y concurrencia de acciones. Se abandonó la política de ventanilla por un enfoque de actuación en territorio, directamente en las comunidades, no en el escritorio, llegando a donde no se había llegado en materia de política social.

Se substituyó el asistencialismo con una visión que reconoce la capacidad productiva de quienes viven en situación de pobreza, y se fortaleció la participación social.

La Cruzada Nacional contra el Hambre ha sido, de esta manera, estrategia y aprendizaje. La retroalimentación que recibe por parte del Coneval es fundamental, tanto por los diferentes ejercicios de medición como por sus evaluaciones. En este sentido, tanto la encuesta panel como el muestreo especial a los cinco municipios son herramientas clave para el seguimiento de la Cruzada y mejorar esta estrategia todavía más.

No hay lugar para triunfalismos. Es cierto que los datos que ofrece el Coneval indican que estamos en la dirección adecuada, pero abiertos a una mejora continua. La vida de millones de mexicanos se está transformando. Para nosotros el trabajo continúa. El reto de abatir la pobreza extrema alimentaria en el país es aún muy grande.


La autora es secretaria de Desarrollo Social.

También te puede interesar:
La pobreza en México 2014