Opinión

Restricciones cuantitativas

Menudo problema vial causaron los manifestantes en contra del cambio en el Hoy No Circula, con sobrada razón para protestar, pero no para violentar los derechos de terceros. Una sugerencia es ir e inmovilizar los vehículos del GDF para que dejen de circular, y no causarle problemas a los ciudadanos, quienes ya tienen suficiente con aguantar los diversos tipos de caos que significa vivir en esta ciudad plagada de problemas, corrupción e ineficiencia. Como todo lo que hacen los señores del partido negro y amarillo: cuando ya no tienen ingenio para buscar soluciones, simplemente deciden restringir los derechos de todos los ciudadanos. Deciden dejar a los circos sin animales, pero no saben qué hacer con los problemas que causan los perros y mascotas que sacan los vecinos a pasear y defecar al parque, que aunque lleven su bolsa para depositar las heces, deberían exigirles llevar un limpiador anti bacterias, ya que los residuos que dejan sus adoradas mascotas recorren la ciudad en el viento, causando severos problemas de salud, que nadie conoce y, desde luego, nadie protesta.

Ni la autoridad vial ni la sanitaria han rendido cuentas confiables acerca de la contribución del Hoy No Circula en la disminución de la contaminación, como tampoco rinden cuentas de cuánto recaudan con esta práctica, que en opinión de varios expertos sólo sirve para que los concesionarios de los centros de verificación tengan algo que hacer y puedan mantener a sus familias, aunque sería muy posible que destinaran una renta para alguna autoridad, ya que los puestos públicos son para por lo menos mantenerse lejos de la línea de pobreza, con las rentas que se pueden extraer siguiendo algunas prácticas corruptas. El sistema está diseñado para corromper y no dar tregua a los vecinos bajo ningún concepto. Puede ser el servicio de agua, recolección de basura, transporte, vialidades, drenaje, parques, áreas públicas, alumbrado y ni qué decir de la seguridad pública y la administración de justicia.

La reacción más frecuente de los vecinos ante las restricciones cuantitativas es la de buscar la forma de evadirlas; o compran otro vehículo o le invierten algo al que ya tienen, con el objeto de adquirir el holograma deseado. Los agentes de tránsito no hacen más que buscar a quien clavarle el diente y las grúas, seguras todas, rondarán por las calles sin descanso, buscando clientes para llevar al "corralón". En suma, la restricción cuantitativa implica el uso ineficiente de recursos, por parte de quien desea circular a toda costa y por quienes se encargan de hacer que las disposiciones se cumplan, aparte de que se distraen de otras tareas, quizá más importantes.

Ahora pensemos por el momento en la solución que ofrece el mercado: subir el precio de la gasolina. ¡Horror, ni se les ocurra ofender al ciudadano, cliente del partidazo, con esas ideas neoliberales! Lo único que logrará el famoso aumento será que la gente deje de consumir por lo menos unos cuantos litros de gasolina, para que su presupuesto no se salga de equilibrio y se vea obligado a dejar de comprar cosas prácticas y necesarias como comida o ropa. Puede ser que algunos decidan vender su auto viejo y adquirir uno más eficiente, o bien que finalmente se decidan a compartir el viaje con el vecino o a usar transporte público. Imaginen a los taxistas cambiando de modelo sus unidades, por unas más eficientes. Aquí lo importante es que quien más consuma pagará más y los pobres, estas pobres víctimas del partidazo de las ocurrencias, no tendrán que pagar un solo peso. En tanto buscan argumentos para decir no a esto, las autoridades deberían ofrecer datos confiables sobre los resultados de su programa, como hasta hoy funciona.

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