Opinión

Responsabilidad social corporativa

10 febrero 2014 4:12 Última actualización 23 septiembre 2013 5:2

Guadalupe González Contreras

 

¿Quiénes y cómo producen las cosas que compramos? pocas personas o Estados tratan de comprender las consecuencias de un modelo basado en el consumo. El afán de reducir costos, para ofrecer productos más baratos, provoca externalidades. Los costos que suelen sufrir mayores reducciones son los relacionados con las condiciones laborales y el cuidado del ambiente.

 

Ante esta situación nace el modelo de Responsabilidad Social Corporativa, que considera que las personas en procesos de producción deben contar con condiciones dignas. El artículo 2 de la Ley Federal del Trabajo señala que “se entiende por trabajo digno aquél en el que se respeta plenamente la dignidad humana del trabajador; no existe discriminación… se tiene acceso a la seguridad social, se percibe un salario remunerador y se cuenta con condiciones óptimas de seguridad para prevenir riesgos de trabajo”.

 

No toda la responsabilidad recae en las empresas. Los Estados también son responsables por permitir prácticas poco éticas. La responsabilidad es del conjunto de la sociedad que ejerce un consumo irresponsable, adormecida en el deseo de productos ilimitados y baratos. Además del daño al ambiente y los trabajadores, la reducción de costos provoca externalidades que afectan a largo plazo a la sociedad. El problema es que el modelo no tiene su base en la dignidad humana o en la sostenibilidad ambiental, sino en la libertad de consumo y la acumulación de capital. El peligro de mantener el sistema económico radica en sus consecuencias graves de largo plazo. Procesos como el calentamiento global resultan de la operación irresponsable de empresas y consumidores a nivel mundial. Es previsible un aumento de la violencia social y estructural debido a condiciones de desigualdad y pobreza. Ambas situaciones son de importancia fundamental para los Estados, pues inciden en sus niveles de violencia interna y pueden desembocar en problemas de seguridad nacional e internacional.

 


La cuestión es si la responsabilidad social corporativa resulta suficiente. Siempre existirá la posibilidad de consumir productos de “comercio justo”, pero tienden a ser más caros por no reducir costos ambientales y laborales. Lo “justo” se paga como un “plus”, pero el comercio y la producción responsables no deberían ser un “lujo” ocasional sino una constante. Ello implica desarrollar sociedades educadas en consumo responsable, capaces de comprar menos a un mayor precio. Requiere Estados que defiendan proyectos de desarrollo por encima de beneficios de corto plazo, y empresas con la creatividad suficiente para reducir costos de forma sostenible, sin provocar externalidades.