Opinión

Respeto al voto ciudadano

 
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Cuauhtémoc Blanco (Cuartoscuro)

Así decía el letrero que portaba Cuauhtémoc Blanco el sábado pasado en el atrio de la catedral de Morelos, cuando inició una huelga de hambre para evitar ser destituido mediante juicio político como alcalde de Cuernavaca, por parte del Congreso de Morelos.

Blanco se asume como la víctima. “Es una aberración, una injusticia. La gente está bastante molesta”, aseguraba. Mientras tanto, el Tribunal Superior de Justicia del Estado daba entrada al proceso en su contra.

En un comunicado, la presidenta de la Comisión Instructora de aquella corte, encargada de desahogar el caso, dijo que todo se haría conforme a los tiempos y plazos que establece la ley y que garantizaba que Blanco “tendrá el trato como cualquier otro ciudadano”.

El drama en el ayuntamiento de Cuernavaca se remonta hasta el 5 de junio de 2015, día en que el astro futbolero ganó la elección. Lo hizo con menos de 30 por ciento del voto en una elección fragmentada entre varios candidatos. Días después de la jornada electoral, Cuauhtémoc Blanco se ausentó por dos meses para irse de vacaciones y de luna de miel. El alcalde electo ni siquiera estuvo presente en las reuniones de entrega-recepción.

A mediados de este año se supo de los conflictos y desorden al interior del cabildo. En julio, Blanco destituyó como secretario del ayuntamiento a Roberto Yáñez, quien fue su coordinador de campaña y uno de los líderes del partido que respaldó su candidatura. Poco después otro escándalo estalló cuando Denise Maerker dio a conocer que Blanco y el Partido Socialdemócrata de Morelos habían firmado un contrato para que el futbolista fuera su candidato a cambio de siete millones de pesos, más otros lujos y beneficios. En ese documento se asentaba incluso que Blanco tendría que ser cordial, carismático, dar autógrafos y tomarse fotos con la gente.

Tanto el Instituto Nacional Electoral como la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) iniciaron un par de investigaciones en contra del alcalde. La primera para determinar la legalidad y veracidad del contrato entre Blanco y el PSD. La segunda, por la presunta falsificación de documentos para la obtención de la candidatura. Y, aunque no han arrojado alguna conclusión, a principios de diciembre el Congreso del estado aprobó –con 27 votos a favor, cero en contra y una abstención– el juicio político en contra de Blanco, con base en la violación de las condiciones de elegibilidad que establece la ley electoral (en su momento, el PRD impugnó la candidatura de Blanco porque supuestamente no cumplía con el requisito de mínimo cinco años de residencia en la ciudad).

Hoy Cuauhtémoc Blanco continúa al frente del ayuntamiento de Cuernavaca, a pesar del resto de la clase política de Morelos. Continúa no porque se haya probado su inocencia, sino porque la Suprema Corte de Justicia de la Nación le ha otorgado una suspensión al proceso en su contra; esto mientras resuelve sobre la acción de inconstitucionalidad y el amparo que interpuso. Pero realmente el tema no es si Cuauhtémoc Blanco deba ser destituido o no.

El tema de lo que ocurre en Cuernavaca es culpa de la misma clase política que ahora busca echar abajo su gobierno. Es culpa del Partido Socialdemócrata, en primer lugar, por ofrecerle la candidatura –y al parecer mucho dinero– a un personaje que está lejos de tener las credenciales mínimas para gobernar y luego acusarlo de ineficiencia y corrupción.

Y es culpa, en segundo lugar, del resto de los partidos políticos que con su propia corrupción y mal desempeño generaron el hartazgo ciudadano que llevó a Blanco al ayuntamiento. No hay que olvidar que, al igual que hoy con su protesta, Cuauhtémoc Blanco utilizó como mensaje de su campaña el mismo que usan los candidatos independientes: ellos (los partidos y los políticos) son los malos, nosotros (los ciudadanos, el pueblo) somos los buenos. Maniqueísmo ingenuo y populachero que hoy tiene en jaque a una ciudad entera.

Y lo peor puede venir todavía. No debe descartarse que Blanco sea candidato a gobernador de Morelos en 2018 y gane y coloque a la entidad en una crisis aún mayor. Y peor aún, que bajo el cántico de “chingarse a los políticos”, como decía Blanco en su campaña en 2015, muchos candidatos irreverentes, populacheros e irresponsables sean gobernantes en otras ciudades y estados del país. Sólo hay algo peor que un político corrupto e incompetente: un político irresponsable y corrupto bajo una máscara ciudadana.

Twitter: @LCUgalde

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