Opinión

Resistencia

En estos días se han publicado algunos datos acerca de la educación, o más bien, del pago a maestros. La SEP informó que pagó la primera quincena de enero a 918 mil maestros, y quedaron pendientes 48 mil por diversas causas. Entre ellos, casi 17 mil en plazas que no se tienen registradas. Por otra parte, se nos recordó que hay 115 mil maestros que ya no deberían cobrar, por estar jubilados o fallecidos. Como en su momento publicó México Evalúa, el total de plazas irregulares registradas en el Censo Educativo es de casi 185 mil, porque a las ya mencionadas hay que sumar 30 mil comisionados y 39 mil aviadores. Esta misma organización estima en 16 mil millones de pesos el costo de esta nómina, que ellos llaman “problemática”. Falta en esta información la de 26 mil maestros que se negaron a ser censados, 10 mil de ellos en Chiapas, más de seis mil en Oaxaca y otro tanto en Michoacán.

El mayor obstáculo al mejoramiento educativo, en buena parte del mundo, viene de la organización magisterial. En México tenemos un solo sindicato, el SNTE, que tiene una versión moderada y otra radical, la CNTE. En Estados Unidos hay una cantidad importante de sindicatos. En ambos países, la educación es considerada un tema laboral por estas organizaciones. Dicho de otra forma, no están dispuestos a permitir que alguien les diga cómo deben hacer su trabajo, y mucho menos cuando eso implica cambios que obliguen a mayor esfuerzo o provoquen menor pago.

Todos ellos insistirán que su preocupación principal es la educación de niños y jóvenes, y que todas las transformaciones que se les proponen son intentos tecnocráticos y neoliberales, de personas que no comprenden que el proceso educativo tiene que ser integral y holístico. En realidad, defienden su forma de vida. Muchos no están dispuestos a aprender otras formas, muchos son maestros porque es una chamba. En México, además, un grupo no menor ha sufrido una (de)formación ideológica “revolucionaria”.

Es indudable que el proceso de enseñanza-aprendizaje no puede reducirse a recetas, ni se puede medir solamente con exámenes de opción múltiple, ni limitado a matemáticas, lengua y ciencias. No se puede limitar a esto, pero tiene que incluirlo. Y si esto no funciona, lo otro, le garantizo, menos. Concentrar todos los esfuerzos del sistema educativo en mejorar puntaje en la prueba PISA sería un absurdo. Olvidarse de la prueba y repetir consignas, es todavía peor.

Después del Censo, todavía no tenemos claro qué está pasando con la educación. Sabemos más que antes de la reforma, sin duda, y por eso podemos estimar el número de plazas y su costo. Y ese mayor conocimiento nos permite exigir más, pero también provoca mayores reacciones de defensa. De la CNTE, de forma violenta; del SNTE, más burocrática, pero ambas cuentan. Es necesario que esas reacciones sean procesadas. Las que provienen de defender privilegios deberán ir desapareciendo; las que reflejan la experiencia, habrá que incluirlas.

Último detalle: nos dicen que las plazas se asignan ahora por concurso. Yo conozco al menos una persona con excelentes resultados que no obtuvo plaza porque primero van los del sindicato. Son esos privilegios los que hay que desterrar.

Twitter: @macariomx