Opinión

Resistencia a las reformas

10 febrero 2014 4:26 Última actualización 02 septiembre 2013 5:2

 Samuel Aguilar Solís
 
 
Atreverse a cambiar el “status quo” es el reto que asume y que ha provocado el presidente Enrique Peña Nieto con un instrumento importante en el que confluyen los diferentes partidos políticos nacionales llamado: Pacto por México.
 
 
El reto de cambiar lo han asumido las diferentes fuerzas políticas signando dicho instrumento y entendiendo que son necesarias reformas de “gran calado” que se constituyen en el siguiente paso de la democracia mexicana para alcanzar una sociedad de derechos que logre la inclusión y reduzca los niveles de desigualdad existentes.
 
 
Resulta inocente creer que reducir los niveles de inseguridad en el país, elevar la calidad educativa, incrementar el crecimiento económico y reducir los altos niveles de pobreza requieren sólo de implementar políticas públicas efectivas y eficaces. Para transformar, para trascender, para alcanzar la justicia social, son necesarias reformas profundas y además contar con la voluntad política de mantenerse firmes en los propósitos.
 
 
Dichas reformas requieren de cambios estructurales que generan una esperada resistencia de grupos que al ver amenazados sus privilegios e intereses, optan por una vía para detener éstos cambios: la protesta social.
 
 
La protesta social según Brian Martin (“Protest in a liberal democracy”) es vista como un problema, ya que ésta altera el curso normal de nuestra vida colectiva. Sin duda los capitalinos han ido padeciendo y vivido éste problema sobre todo en las últimas semanas.
 
 
La protesta es generada precisamente porque se han visto amenazados ciertos privilegios. Dicha protesta reta al gobierno a usar la represión como medio para contenerla, ya que si bien las protestas son parte de la democracia liberal, se vuelve necesario limitarla y controlarla sin caer, claro está, en coartar la libertad de expresión y de manifestación, reto no menor en la coyuntura presente.
 
 
El Estado, en éste fundamento de búsqueda del bien colectivo, no puede ni debe claudicar en culminar las reformas, no se trata de administrar la problemática dejando de dar los pasos que son necesarios. Es la hora de hacer más política con la sociedad para informar, movilizar y persuadir y tenerla del lado del movimiento reformista que México debe continuar.
 
 
La ciudadanía si bien aún débil en nuestro país, también tiene un papel importante en este sentido. Debemos de dar paso a trascender asumiendo todos el costo de ello.
 
 
México no atraviesa un problema de gobernabilidad como algunos se han atrevido a plantear; los grupos que han venido sacando provecho de la dificultad por la que el Estado ha atravesado para reformar lo que requiere ser cambiado son meramente reacciones a las que debemos acostumbrarnos, sin duda en diferentes trincheras, pero veremos a los petroleros y también a los grandes empresarios defender sus privilegios cuando llegue el momento de la Reforma Hacendaria.
 
 
No es momento de administrar los problemas, es momento de romper la inercia y de atajar de una vez y por todas los grandes problemas que nos aquejan.
 
 
Resulta inaceptable utilizar una herramienta democrática como es la protesta para dejar a millones de niños sin clases y afectar la vialidad de una ciudad (con lo que ello implica de pérdidas económicas, personales, familiares, etc). Una protesta debe respetarse un poco más a si misma, la protesta no implica violencia, vale la pena recordar que el monopolio de la fuerza es del Estado.
 
 
Secretario de Acción Electoral del CEN del PRI.