Opinión

Residencias para artistas

   

Los programas de residencias tienen como misión cambiar, temporalmente, al artista de entorno para que entre en contacto con una comunidad artística diferente, nutriéndolo de nuevas vivencias. Existe un rizoma de programas internacionales increíblemente vasto para artistas visuales que ofrecen a los residentes experiencias muy distintas. Desde vivir aisladamente, en el campo o la montaña, hasta pasar unos meses en las ciudades más vertiginosas del mundo.

Dentro de esta diversidad, hay principalmente dos modelos con finalidades distintas. Por un lado, algunas son laboratorios donde los artistas, por lo general jóvenes en proceso de clarificar sus lenguajes y estilos, experimentan con medios, materiales o conceptos; además, ayudan enormemente a los artistas, que todavía no son financieramente estables, a conocer e introducirse en escenas de ciudades importantes.
Por otro, están los programas de mayor prestigio internacional, en los que los procesos de selección son tan rigurosos y de alto nivel que son determinantes en la carrera de un creador, como el Artist–in Berlin Program en Alemania o el Whitney Independent Study Program en Nueva York; los de este tipo programas constituyen un desafío, ya que un óptimo desempeño dentro de los programas, puede consagrar o posicionar a un artista a nivel mundial.

Actualmente, trabajo en dos proyectos de residencias artísticas en México. Son muchos los retos que implica echar a andar este tipo de empresa. Lo más gratificante es ofrecer a los asistentes el cambio de contexto necesario para estimular y promover su producción.

Uno es el programa de Residencias Cruzadas de la Embajada de Francia en México, en donde los recién egresados de seis escuelas de arte en Francia viajan a México y seis mexicanos a Francia. El intercambio cultural que experimentan los jóvenes artistas, justo a esa edad, les abre un panorama antes desconocido sobre la realidad, y la aproximación a sus respectivos temas e inquietudes se trastoca, incluso disloca, traduciéndose en un beneficio en su quehacer profesional.
El otro proyecto, por inaugurarse en octubre, es Fundación Casa Wabi, en Puerto Escondido, Oaxaca. Este programa de residencias busca generar una convivencia de retroalimentación y diálogo entre artistas de distintas trayectorias reunidos en un mismo espacio, que además esta alejado de cualquier centro urbano.

También intenta vincular a las comunidades y pueblos cercanos con los ellos para que, durante su estancia, ambos trabajen activa y creativamente en favor de la localidad. Esto es muy significativo, pues el rol del artista como sólo creador es transformado en agente de cambio, capaz de incidir en la vida cotidiana de una región, haciendo recíprocas las experiencias vividas.

Lo importante de las residencias artísticas es que son prácticas que humanizan a todos los involucrados. Los procesos que entran en juego son más internos e individuales, enfocados en la educación y formación de los constructores de obras, no directamente con el valor monetario de la obra producida.

Conocer, convivir, aprender, salir de lo acostumbrado, puede ser un detonador de crecimiento artístico.