Opinión

Republicanos, ¿cómo llegaron a esto?

 
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Trump preocupa a los republicanos por su actitud ofensiva hacia las mujeres. (AP)

Luego de la derrota de Mitt Rommey en 2012, los republicanos entraron en la discusión común en esos casos. Si el que no ganó fue un senador, lo más recomendable será buscar para la siguiente a un gobernador. Si el que perdió fue el exgobernador de Massachussetts, lo deseable es que ahora el candidato sea un senador.

El problema empezó porque los tres senadores que se anotaron estaban cortados por la misma tijera: conservadores del Tea Party que han bloqueado groseramente las iniciativas y designaciones de Obama (como el nombramiento de la embajadora en México) y con un mensaje divisivo que haría difícil atraer a los votantes indecisos.

Por otro lado, con la certeza de que en 2016 Hillary Clinton buscaría la candidatura Demócrata, algunos vieron como ventaja que los tres senadores interesados en la candidatura eran jóvenes, lo que contrastaría con la casi septuagenaria ex primera dama.

Rand Paul (Kentucky, nominado para la vicepresidencia en 2012), Ted Cruz (Texas) y Marco Rubio (Florida) tenían ya, a inicios de 2015, comités de campaña, apoyos políticos y donaciones apalabradas. Rubio aventajaba a los otros dos por ser el menos radical.

Pero ninguno de ellos se parecía a quien los capitostes del GOP veían como la mejor opción: Mitt Rommey. Lo buscaron nuevamente pero no lograron convencerlo de hacer un tercer intento. Voltearon entonces al pelotón de gobernadores y exgobernadores.

El que más les gustaba era el de New Jersey, Chris Christie, que había logrado contemporizar con un electorado mayormente demócrata y era conocido por “decir las cosas como son”. Pero un escándalo político lo sacó de la jugada.

Podían escoger entre los que la pelearon las veces anteriores como Mike Huckabee (Arkansas), Rick Santorum (Pennsylvania) o John Kasich (Ohio), o a alguno de los que entraban por primera vez a la carrera como George Pataki (New York), Jin Gilmore (Virginia), Rick Perry (Texas), Bobby Jindal (Louisiana) o Scott Walker (Wisconsin). Kasich era el que más los convencía.

Pero acabó imponiéndose Jeb Bush porque hasta ese momento había mostrado más capacidad de tender redes, recolectar dinero y conectar con el importante electorado hispano.

Durante meses el exgobernador de Florida marchó al frente, hasta que en junio del año pasado Donald Trump, que no era ni senador, ni gobernador, ni conocido como republicano, anunció su pretensión de ser presidente.

Lo que los jerarcas del partido vieron como una desventaja (Trump no ha ocupado nunca un puesto político), los votantes lo apreciaron como cualidad. Trump es un outsider sin el estigma de los senadores radicales o el desgaste de los gobernadores. Practica una retórica agresiva que empata bien con la molestia de los norteamericanos con una economía estancada, que sólo parece beneficiar a algunos, y con una clase política ensimismada e incapaz.

Junto a él surgieron otros dos independientes, el neurocirujano Ben Carson y la expresidenta de Hewlett-Packard, Carly Fiorina. El primero pareció emparejársele a Trump, pero su inexperiencia lo hizo reaccionar mal frente a los ataques terroristas de París y pronto quedó fuera.

Cuando empezaron las primarias en febrero, Trump y Cruz iban adelante, pero en lugar de apoyar con todo al segundo, los altos jefes del republicanismo, viendo que Bush se desinflaba, quisieron impulsar a Christie o a Kasich y…fracasaron.

Desesperados, al mediar marzo por fin le declararon la guerra al de Manhattan y, a regañadientes, acabaron respaldando a Cruz, que logró así superarlo en Wisconsin esta semana.

Hacia adelante, no se ve posible que ninguno de los tres sobrevivientes acabe siendo el candidato. Kasich es el preferido de la élite pero no mostró grandes dotes para hacer campaña. Cruz muy probablemente pierda en New York, Pennsylvania, New Jersey y California, haciendo imposible que alcance el número mágico de delegados. Trump podría lograrlo, pero con un margen estrecho y con la duda de que pudiera ganarle a Hillary.

De ser así, en la convención habrá un gran pleito, del que saldrá como candidato alguien que hasta ahora no ha participado en el proceso, como Paul D. Ryan, el líder republicano en la casa de representantes, o el mismísimo Mitt Rommey.

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